Economía global: fragilidad, incertidumbre y nuevos modelos tras Davos

Scritto il 24/02/2026
da Redacción

Cada año, en enero, las montañas suizas de Davos se convierten en el escenario de uno de los encuentros más influyentes del planeta: el World Economic Forum (WEF). Jefes de Estado, líderes empresariales, economistas, activistas y representantes de la sociedad civil se reúnen para debatir el estado de la economía mundial y los grandes desafíos de nuestro tiempo. No se trata de simples congresos académicos: las discusiones de Davos suelen anticipar las direcciones que gobiernos y mercados adoptarán en los meses siguientes.

La edición más reciente lanzó un mensaje inequívoco: la economía global ha entrado en una fase de fragilidad estructural que exige respuestas nuevas, creativas y valientes.

Cuatro crisis simultáneas

El contexto actual se caracteriza por la superposición de al menos cuatro grandes presiones sistémicas que se refuerzan entre sí.

La primera es la inflación. Tras años de precios estables, muchas economías han experimentado un aumento inflacionario sin precedentes, erosionando el poder adquisitivo de las familias, encareciendo el crédito y poniendo en dificultades a las pequeñas y medianas empresas. Aunque en algunas regiones se observan señales de estabilización, el problema aún no está resuelto y su gestión por parte de los bancos centrales ha introducido nuevas tensiones.

La segunda gran presión es la de los conflictos geopolíticos. Las guerras en curso en distintas regiones del mundo —desde Ucrania hasta Oriente Medio— no son solo tragedias humanitarias: también son shocks económicos. Interrumpen las cadenas de suministro, elevan el coste de las materias primas, alimentan flujos migratorios y desestabilizan equilibrios comerciales construidos durante décadas.

La tercera crisis es la energética. La transición de los combustibles fósiles a las energías renovables es necesaria, pero no está exenta de dificultades. Requiere enormes inversiones, profundos cambios en las infraestructuras y una redistribución del poder económico global. A corto plazo, la volatilidad de los precios de la energía pesa sobre familias y empresas; a largo plazo, quienes gestionen mejor esta transición obtendrán una ventaja competitiva decisiva.

Por último, el cambio climático ya no es solo una cuestión ambiental: se ha convertido en una variable económica de primer orden. Sequías, inundaciones, olas de calor y pérdida de biodiversidad —cada evento extremo tiene consecuencias económicas concretas, desde la agricultura hasta las infraestructuras, del turismo a los seguros.

Lo que se pide a los líderes globales

En Davos, el mensaje compartido fue claro: los viejos modelos ya no son suficientes. No se puede responder a crisis sistémicas con herramientas pensadas para un mundo más simple y estable. Se necesita una nueva mentalidad: más flexible, más colaborativa y más atenta a las consecuencias a largo plazo de las decisiones a corto plazo.

Entre las prioridades destacadas: acelerar la transición verde mediante políticas industriales ambiciosas; reforzar la cooperación multilateral para gestionar los bienes comunes globales (clima, pandemias, seguridad alimentaria); invertir en innovación tecnológica, con especial atención a la inteligencia artificial y a sus implicaciones sociales; y reducir las desigualdades, porque los sistemas económicos más equitativos también son más resilientes.

Una oportunidad en medio de la crisis

Sería fácil dejarse abrumar por un panorama tan complejo. Sin embargo, el diálogo global también representa una oportunidad: repensar la economía no como un fin en sí mismo, sino como una herramienta al servicio del bienestar humano y de la sostenibilidad del planeta. Davos, con todos sus límites, es uno de los espacios donde este replanteamiento comienza a tomar forma. Corresponde luego a los gobiernos, las empresas y la ciudadanía transformarlo en acción concreta.