Hay una parte de Canarias que rara vez aparece en los folletos turísticos. No son las playas ni los resorts, sino los barrios urbanos de ciudades como Santa Cruz de Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria y Puerto de la Cruz, donde el arte urbano se ha convertido en lenguaje público.
Los murales no son simples decoraciones. A menudo evocan la memoria de los Guanches, la población indígena del archipiélago anterior a la conquista española, o abordan temas contemporáneos como la precariedad laboral, la crisis de vivienda y el impacto del turismo de masas.
Proyectos urbanos y festivales han contribuido a visibilizar esta producción artística, transformando algunos barrios en itinerarios culturales alternativos. El arte de calle se convierte así en un espacio de narración colectiva.
Existe una dinámica ambivalente: lo que nace como expresión marginal puede convertirse en atracción turística. Pero esta transformación no es necesariamente una pérdida. Puede ser una manera de desplazar la mirada hacia una narración menos edulcorada y más compleja de las islas.
El arte urbano, en Canarias, no sustituye al turismo tradicional. Lo integra y lo interpela. Recuerda que las islas no son solo destinos, sino comunidades vivas.