Desde el plátano silvestre “Calcutta 4” llega una señal clave para acelerar la selección de variedades resistentes a la STR4, una de las formas de Fusarium que pone presión sobre el plátano comercial. Para el Plátano de Canarias, es una noticia a seguir sin alarmas, pero con cabeza.
El plátano es una de las frutas más consumidas del mundo, pero su éxito comercial se apoya en un equilibrio frágil: muchas plantaciones dependen de variedades genéticamente muy parecidas. Cuando un patógeno encuentra cómo atacarlas, el riesgo deja de ser teórico y pasa a ser agrícola, económico y logístico.
En los últimos años, el foco se ha puesto en el Mal de Panamá (marchitez por Fusarium), una enfermedad del suelo capaz de comprometer parcelas enteras. En este contexto, una investigación recogida por Futuro Prossimo habla de un paso relevante: identificar una zona del ADN asociada a la resistencia a la Subtropical Race 4 (STR4).
Por qué el “Mal de Panamá” es un problema de sistema
La historia del cultivo lo deja claro: una cadena productiva demasiado homogénea es vulnerable. En el pasado, una variedad dominante fue sustituida por otra precisamente por el impacto de un hongo. Hoy, buena parte del plátano comercial se apoya en el grupo Cavendish: productivo, estándar, fácil de manejar… pero no invencible.
La dificultad añadida es que Fusarium vive en el suelo y puede permanecer durante mucho tiempo. Cuando entra en una zona productiva, la gestión se vuelve compleja y costosa. Por eso, prevenir y seleccionar plantas más robustas es clave.
STR4 y TR4: familia común, comportamientos distintos
En el debate se mezclan términos. Dentro de “Race 4” hay variantes diferentes: algunas se asocian más a condiciones tropicales y otras a entornos subtropicales. La noticia se centra en la STR4, que es la que se ha usado en los ensayos y análisis genéticos.
El hallazgo: no es “la cura”, es un acelerador
La clave no es un plátano “salvado” de un día para otro. Es algo más técnico, pero decisivo para la mejora varietal: localizar un QTL (una región cromosómica relacionada con un rasgo complejo) en un plátano silvestre diploide llamado Calcutta 4.
Dicho de forma sencilla: se compararon plantas más resistentes y más susceptibles hasta detectar un área del genoma que influye en la resistencia a STR4. Con eso se pueden crear marcadores moleculares para detectar resistencia en fases tempranas, sin esperar años de pruebas en campo.
Qué significa para el Plátano de Canarias
En Canarias, donde el plátano es un activo agrícola, social e identitario, cualquier avance en resistencia es una noticia práctica. No porque lo resuelva todo, sino porque puede bajar el riesgo a medio plazo y hacer más eficaces los programas de selección.
A futuro, contar con herramientas genéticas más precisas ayuda a proteger rentabilidad, continuidad productiva e inversión en toda la cadena: finca, empaquetado, logística y distribución.
Defensa hoy: bioseguridad, manejo del suelo y vigilancia
Mientras la genética trabaja a futuro, el presente depende de medidas de campo: controles en movimientos de plantas y sustratos, vigilancia fitosanitaria, manejo del suelo y prácticas que reduzcan estrés y propagación. Aquí, innovación y disciplina van de la mano.
Tiempos y límites: realismo, no eslóganes
Calcutta 4 no es una variedad comercial: la resistencia hay que “trasladarla” a líneas que mantengan calidad, rendimiento y estándares de mercado. Eso lleva tiempo, cruces, ensayos y validación. Pero disponer de un mapa genético sólido puede ahorrar años y recursos.
La idea final es clara: no es un milagro, es una pieza estratégica. Y en agricultura, las piezas estratégicas marcan la diferencia entre resiliencia y vulnerabilidad.