El escalamiento de las tensiones militares con Irán ha provocado interrupciones en el suministro de importantes mercados energéticos y de materias primas, entre los que se encuentran el petróleo, el gas natural licuado (GNL) y otros recursos críticos que transitan por Oriente Medio. Esto ha contribuido a renovar las presiones inflacionarias a nivel global, ya que los costes más altos de la energía, del transporte y de los insumos productivos se propagan a lo largo de las cadenas de suministro.
En este contexto, los activos de infraestructura siguen demostrando resiliencia porque muchos operan dentro de marcos normativos o estructuras contractuales de largo plazo que les permiten trasladar, con el tiempo, a los usuarios finales los aumentos de costes y de inflación. Por consiguiente, aunque los tipos de interés más elevados y una mayor volatilidad macroeconómica puedan generar presiones sobre las valoraciones a corto plazo, las características de los flujos de caja de los activos de infraestructura ofrecen una protección contra la inflación durante períodos marcados por shocks de materias primas de origen geopolítico.
Utilidades norteamericanas
Observamos una mayor volatilidad de los precios mundiales de materias primas, alimentada por las tensiones geopolíticas. Esto ya está ejerciendo presión al alza sobre los costes energéticos en algunos mercados internacionales y pone de manifiesto la sensibilidad de las utilidades a los precios de los combustibles. Aunque el gas natural en Estados Unidos ha permanecido relativamente estable hasta ahora, consideramos que un aumento prolongado podría generar presiones al alza sobre los costes de la electricidad y sobre su sostenibilidad para los consumidores.
Las utilidades norteamericanas están, sin embargo, en gran parte protegidas gracias a la regulación basada en el cost‑of‑service, que permite recuperar, a través de las tarifas aplicadas a los clientes, los costos del combustible y otros gastos operativos. Si bien unos insumos más caros pueden crear tensiones a corto plazo, el marco regulatorio contempla mecanismos de recuperación y los rendimientos autorizados pueden ajustarse con el tiempo en función de la evolución de las condiciones de los mercados de capitales.
Nuestro foco sigue centrado en aquellas utilidades que operan en jurisdicciones constructivas, donde el apoyo regulatorio y los objetivos de accesibilidad tarifaria están mejor equilibrados, tal como identificamos mediante nuestro exhaustivo proceso de selección “bottom‑up”.
Utilidades europeas
Los precios elevados del petróleo y del gas, vinculados a las tensiones en Oriente Medio, están aumentando los costes energéticos en toda Europa y alimentando las presiones inflacionarias. En respuesta, los gobiernos europeos están introduciendo subsidios y medidas de apoyo dirigidas a aliviar las dificultades de accesibilidad económica para familias y empresas, sin perjudicar la demanda de energía de las compañías de servicios públicos. A nivel de la Unión Europea (UE), los responsables políticos están evaluando intervenciones adicionales, como la reducción de impuestos sobre la energía y la subvención de la producción eléctrica de centrales de gas, con un doble objetivo: preservar la competitividad industrial y promover la independencia energética.
Para las utilidades reguladas que operan dentro de marcos en los que los rendimientos sobre el capital regulado se actualizan periódicamente, el aumento de la inflación y de los costos de financiamiento puede reflejarse en las tarifas futuras. Aunque pueda existir un retraso antes de que dichos ajustes se apliquen, las estructuras regulatorias permiten, en general, trasladar la inflación a los usuarios finales a lo largo del tiempo, contribuyendo a preservar el valor de los activos a largo plazo incluso en periodos de inflación impulsada por la energía. Por consiguiente, creemos que el contexto actual brinda una doble capa de protección: el apoyo de las políticas públicas sostiene la demanda, mientras que los marcos regulatorios permiten reflejar gradualmente la inflación en los precios, garantizando la resiliencia de los beneficios aun si la inflación persiste.
Gasoductos norteamericanos
Las infraestructuras energéticas podrían estar entre los beneficiarios más directos de las actuales turbulencias geopolíticas. El aumento de los precios del petróleo y del gas, derivado de la incertidumbre del suministro en Oriente Medio, probablemente impulsará a los principales países importadores a diversificar sus fuentes energéticas. Tras el conflicto Rusia‑Ucrania de 2022, las exportaciones estadounidenses de GNL hacia Europa aumentaron de forma significativa, ya que el continente buscó reducir su dependencia de la energía rusa dentro de la iniciativa REPowerEU.
En el contexto actual, anticipamos que países importadores de Asia, como Japón y Corea del Sur, se orienten cada vez más hacia fuentes norteamericanas de petróleo y gas para disminuir su dependencia de Oriente Medio. En este escenario, proyectos como la Fase II de LNG Canada y la ampliación del Trans‑Mountain Expansion han reforzado su viabilidad económica. Prevemos que dichos proyectos de infraestructura, impulsados por la demanda y combinados con un entorno de mayor rentabilidad (net‑back) para los productores, estimulen actividades de extracción adicionales en todo Norteamérica, lo que podría traducirse en un aumento de los volúmenes gestionados por gasoductos, plantas de tratamiento y instalaciones de almacenamiento.
En cuanto a la inflación, muchos activos del sector de los gasoductos operan bajo estructuras basadas en el cost‑of‑service o contratos a largo plazo take‑or‑pay con mecanismos de ajuste inflacionario. Esto garantiza un nivel de protección frente al aumento de costes, al tiempo que se benefician de volúmenes más altos si las cadenas de suministro globales se reorientan hacia regiones productoras más estables.
Autopistas de peaje
Los efectos de la reciente volatilidad de los precios del petróleo, provocada por el conflicto en Irán, impactan de forma menos marcada a las autopistas de peaje gracias a los mecanismos mediante los cuales la inflación se traslada a dichos activos. Muchos contratos de concesión permiten incrementar las tarifas de acuerdo con el Índice de Precios al Consumidor (IPC) o contemplan ajustes predefinidos que incorporan el impacto de los precios más elevados de la energía, una componente de la inflación.
Respecto a la demanda, los precios del combustible más altos pueden reducir temporalmente los desplazamientos no obligatorios. Sin embargo, este tipo de tráfico representa, en general, la parte más pequeña de los ingresos de una autopista urbana de peaje (entre el 15 % y el 30 %), mientras que los viajes de negocios y el tráfico de mercancías son menos sensibles a las presiones de costes.
En conjunto, a nuestro juicio, la resiliencia de los ingresos permanece sólida: las estructuras tarifarias indexadas a la inflación y las bases de coste fijas permiten a los operadores compensar los vientos macroeconómicos adversos y proteger los márgenes a lo largo del tiempo.
Aeropuertos
Los aeropuertos están expuestos al contexto actual por los mayores costes del combustible de aviación y por los posibles impactos a corto plazo en la demanda de viajes (incluida una reducción de los vuelos hacia las regiones involucradas en el conflicto), especialmente en una fase marcada por presiones sobre el costo de vida y volatilidad de los precios del petróleo vinculada a Irán. No obstante, históricamente la demanda de tráfico aéreo a largo plazo ha demostrado ser poco sensible tanto a las presiones sobre el costo de vida como a los shocks económicos y de precios (con la única excepción significativa del COVID‑19).
Muchas de las fuentes de ingreso aeroportuarias están sujetas a regulación o vinculadas contractualmente a la inflación, lo que contribuye a la resiliencia de los aeropuertos en el actual entorno inflacionario. Las tarifas aeronáuticas suelen definirse mediante fórmulas indexadas al IPC, mientras que los ingresos comerciales —como ventas minoristas, aparcamientos y arrendamientos inmobiliarios— pueden ajustarse a la capacidad de gasto de los pasajeros y al poder de fijación de precios.
Esta combinación ofrece un mecanismo que permite trasladar gradualmente la inflación a los ingresos aeroportuarios, pese a la volatilidad de corto plazo en los volúmenes de pasajeros provocada por el aumento del coste del combustible.
Energías renovables con contratos a largo plazo
Los activos de energías renovables operan principalmente mediante Power Purchase Agreements (PPA) a precio fijo y de larga duración, que incorporan desde el inicio expectativas inflacionarias en sus hipótesis de precios. Estos activos están estructuralmente menos expuestos a la volatilidad de corto plazo de los precios de los combustibles fósiles.
Aunque dichos contratos no suelen incluir mecanismos de traspaso directo de la inflación, los aumentos prolongados de los precios del petróleo y del gas, derivados del encarecimiento de la energía, mejoran con el tiempo la competitividad relativa de las energías renovables. Esto tiende a generar una mayor demanda de nuevos proyectos y el potencial de rendimientos más elevados sobre la inversión.