Cuando un turista alemán se recuesta en una televisión de su habitación del hotel en Maspalomas, o cuando un resort de Lanzarote instala nuevos electrodomésticos en su cocina industrial, es probable que detrás de esos productos haya una empresa coreana. Nombres como Samsung o LG están presentes en la vida cotidiana de las Islas Canarias, aunque pocos saben que estas marcas son solo la punta del iceberg de un sistema empresarial único en el mundo: los chaebol.
Qué son los chaebol
Los chaebol son grandes conglomerados industriales de propiedad familiar que dominan la economía surcoreana. Según un análisis reciente de Capital Group, los 15 chaebol más grandes representan hoy dos tercios del mercado bursátil de Corea del Sur. No son simples empresas: son ecosistemas empresariales que abarcan electrónica, construcción, finanzas, química, moda y hostelería, todos bajo el control de una misma familia fundadora.
Sus orígenes se remontan a los años sesenta, cuando el gobierno militar del general Park Chung-hee seleccionó deliberadamente grupos como Samsung, Hyundai, LG y Daewoo para liderar el desarrollo industrial del país. El resultado fue el llamado «Milagro del río Han»: en pocas décadas, Corea del Sur pasó de ser un país devastado por la guerra a convertirse en una de las principales potencias económicas del mundo.
Un viento de reforma llega desde Seúl
Hoy, este modelo está en plena transformación. Tras la elección del presidente Lee Jae Myung en junio de 2025, el gobierno surcoreano ha impulsado una reforma societaria de calado. La medida más relevante extiende explícitamente los deberes fiduciarios de los consejos de administración de los chaebol a los accionistas minoritarios, exponiendo a los herederos de las familias fundadoras a responsabilidades penales en caso de decisiones cuestionables.
Además, a partir de 2027 entrarán en vigor nuevas normas para la elección de los consejos de administración que facilitarán la representación de accionistas activistas. El objetivo es reequilibrar el poder entre las familias controladoras y los inversores externos, reduciendo el llamado «descuento de Corea»: la tendencia histórica de las empresas coreanas a cotizar por debajo de su valor real debido a problemas de gobernanza.
¿Qué tiene que ver esto con el turismo canario?
La conexión puede no ser obvia a primera vista, pero es real. Las islas Canarias, con más de 16 millones de turistas al año, dependen de una cadena de suministro global para equipar y mantener en funcionamiento sus hoteles, apartamentos y restaurantes. Televisores, frigoríficos, aires acondicionados, pantallas digitales, sistemas de iluminación LED: gran parte de estos equipos provienen de fabricantes asiáticos vinculados directa o indirectamente a los chaebol.
Una reforma que mejore la gobernanza de estos conglomerados puede tener efectos concretos sobre los precios, los plazos de entrega y la competitividad de los productos que llegan a las Canarias. En la medida en que los chaebol sean más eficientes y transparentes, las empresas que los abastecen podrían beneficiarse de mejores condiciones comerciales.
Por otro lado, la reforma también podría abrir oportunidades de inversión. Según Capital Group, es probable que en los próximos años el mercado bursátil coreano se vea favorecido por un mayor activismo accionarial y mayores flujos de capital. Para los fondos de pensiones y los inversores institucionales canarios que buscan diversificar su cartera internacional, el mercado coreano podría ganar atractivo.
El turismo asiático: otra oportunidad
Existe también una dimensión directamente turística. Corea del Sur es un mercado emisor en crecimiento: los viajeros coreanos son conocidos por su alto poder adquisitivo y su interés por destinos de sol y playa. Un entorno económico más estable y un mercado bursátil más saludable en Corea podría traducirse en mayor capacidad de gasto de la clase media coreana, y por tanto en más viajeros dispuestos a visitar las Canarias.
Los patronatos de turismo del archipiélago ya han identificado Asia como uno de los mercados prioritarios para diversificar la llegada de turistas más allá de los tradicionales mercados alemán y británico. En este contexto, entender cómo funciona la economía coreana —y cómo está cambiando— resulta más relevante que nunca.
Una lección de fondo
La historia de los chaebol es también una reflexión sobre los modelos de desarrollo económico. Surgieron como instrumento del Estado para impulsar la industrialización, y hoy se enfrentan al reto de modernizarse para adaptarse a una economía global que exige transparencia y buena gobernanza. No es una historia ajena: las tensiones entre grandes grupos empresariales, poder político y ciudadanía son universales.
Para las Canarias, cuya economía depende en gran medida de decisiones que se toman a miles de kilómetros —en los despachos de los grandes touroperadores europeos o en las fábricas asiáticas—, seguir de cerca la evolución de potencias como Corea del Sur no es un ejercicio académico. Es, cada vez más, una necesidad práctica.