En 2026 las autoridades canarias publican, por primera vez, datos precisos sobre el consumo de los nómadas digitales, un segmento que en los últimos cinco años ha pasado de ser una curiosidad turística a convertirse en un motor económico esencial. El informe trimestral del Instituto Canario de Estadística (ISTAC) titulado “Gasto medio de residentes no habituales” (edición abril 2026) revela que los 13 200 titulares del régimen fiscal “Non‑habitual resident” (NHR) desembolsan una media de 2 820 € al mes, es decir, un 33 % más que la población residente tradicional (2 119 €).
El desglose del gasto proviene de un anexo del Ministerio de Economía español de febrero 2026. La vivienda, tanto en alquileres cortos (Airbnb) como en contratos a medio plazo, representa el 40 % del presupuesto (1 128 €). El precio medio de un piso de dos dormitorios en Tenerife ha subido de 560 € a 735 € mensuales, un aumento del 31 % respecto a 2022, reflejando la creciente demanda. Alimentación (productos locales y restauración) supone el 20 % (564 €), transporte (alquiler de coche, combustible, transporte público) el 10 % (282 €), ocio y actividades recreativas el 15 % (423 €) y el resto (servicios sanitarios privados, educación, telefonía) se reparte entre las demás categorías.
Estos datos también aparecen en el informe “Digital Nomad Impact” de la Comisión Europea (edición 2025), que, basándose en estudios de Eurostat, indica que los nómadas digitales gastan en promedio 34 mil € al año en bienes y servicios no logísticos, superando en 7 mil € al gasto de un turista medio. El Banco de España, en su balance semestral 2026, señala que los flujos de dinero procedentes de pagos internacionales hacia las islas crecieron un 18 % en el último año, contribuyendo de forma decisiva al superávit de la balanza de pagos.
¿Qué escenarios se anticipan si esta tendencia persiste? Los economistas de la Universidad de La Laguna, citados en una audiencia parlamentaria española (junio 2026), plantean tres posibles evoluciones. En la versión optimista, el gasto de los nómadas digitales, reforzado por incentivos fiscales y la ampliación de la red de fibra óptica (proyecto “Fiber Canarias”, finalizado en 2024), podría añadir 1,2 mil millones de euros al PIB regional antes de 2030, con un efecto multiplicador en los sectores hotelero, de restauración y de servicios creativos. Sin embargo, el mismo aumento de la demanda habitacional podría empujar los alquileres hasta 950 € al mes para 2029, generando nuevas presiones sobre los residentes de bajos ingresos y alimentando el debate sobre la “gentrificación digital”.
En el escenario prudente, los gobiernos podrían imponer un techo del 10 % de aumento anual en los alquileres de las zonas más solicitadas, limitando el incentivo a largo plazo para los nómadas pero preservando la asequibilidad de la vivienda. El efecto sería una reducción del aporte al PIB del 0,6 % pero una mejora de la cohesión social. Finalmente, el escenario de “estancamiento” prevé que, si las infraestructuras de conectividad no se fortalecen aún más, la percepción de fiabilidad disminuiría, provocando una migración hacia destinos emergentes del sur de Europa (Malta, Puerto Rico).
Para Canarias, el gasto de los nómadas digitales se ha convertido ya en un elemento estructural de la economía. Las decisiones políticas que seguirán – desde la regulación de los alquileres cortos hasta la promoción de programas de capacitación “Skills 4 Future” (FEDER, 85 millones €) – determinarán si el fenómeno se traduce en un crecimiento sostenible o en tensiones socio‑económicas. En cualquier caso, los números de 2026 muestran que estos nuevos residentes consumen casi un tercio más que los canarios tradicionales, una señal clave para administradores locales, inversores y ciudadanos.