Detrás de las postales de ballenas y delfines que cada verano acompañan la promoción turística de Canarias se esconde un sector en pleno crecimiento que plantea preguntas muy concretas sobre gestión, sostenibilidad y bienestar animal. Un nuevo estudio liderado por un equipo multidisciplinar de la Universidad de La Laguna (ULL) —Claudia Hurtado, Raquel de la Cruz, David Domínguez, Álvaro Herrera, Sara Vicente y Patricia Arranz— y publicado en la revista científica PLOS ONE ha analizado por primera vez, de forma comparada, las expectativas y el nivel de satisfacción de los visitantes en tres destinos: Tenerife, El Hierro y São Miguel, en las Azores.
La investigación, financiada por la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información dentro del proyecto START-BLUE —centrado en el desarrollo del turismo azul en espacios de la Red Natura 2000—, recogió datos sobre el terreno entrevistando a los participantes en las salidas antes y después del avistamiento, para comparar sus expectativas con la experiencia realmente vivida.
Los resultados muestran diferencias notables entre destinos. En Tenerife y São Miguel predominan visitantes con expectativas más generalistas, interesados en ver cualquier especie y con una fuerte demanda de contacto cercano con los animales (62% en Tenerife, 67,6% en São Miguel). El Hierro, en cambio, se perfila como un destino para un público más especializado, interesado también en otras actividades de turismo marino como el buceo (23,5% de los encuestados) y con mayor conocimiento previo sobre las especies del lugar, en particular los zifios, cetáceos poco frecuentes muy ligados a esta isla.
El dato más llamativo es el de la satisfacción: en Tenerife y São Miguel, donde los encuentros son frecuentes, más del 95% de los entrevistados se declaró satisfecho. En El Hierro, donde los avistamientos son menos habituales, la satisfacción cae al 78,6%, pese a la mayor diversificación de actividades complementarias.
El estudio destaca además que el tamaño de la embarcación influye directamente en la experiencia: los barcos pequeños ofrecen una experiencia más personalizada y atraen a un público orientado a la conservación y el aprendizaje, mientras que las grandes embarcaciones concentran a visitantes con expectativas más genéricas y un fuerte deseo de proximidad física, lo que puede aumentar la presión sobre las poblaciones de cetáceos.
Entre las recomendaciones de los autores figuran gestionar mejor las expectativas mediante información previa clara y una buena interpretación a bordo, reforzar la educación ambiental durante las salidas y garantizar el cumplimiento de la normativa de aproximación a los animales. Las Áreas Marinas Protegidas, subraya el estudio, son el marco ideal para desarrollar un modelo de ecoturismo basado en la colaboración entre ciencia, operadores y administraciones. En la investigación colaboraron activamente varias empresas del sector, entre ellas Buceo El Bajón, Whale Watch Tenerife, Atlantic Eco Experience, Bonadea II, Maxicat, Blue Dream Sailing y Futurismo Azores Adventures.
Para quienes visiten Canarias estos meses y elijan una salida en barco para ver ballenas y delfines, el estudio deja un criterio sencillo: informarse antes sobre el operador, priorizar embarcaciones pequeñas y de baja capacidad, y tener presente que no avistar cetáceos en un área marina protegida es, a menudo, la señal de que las normas de protección están funcionando.