Canarias se consolida como uno de los destinos europeos más codiciados para quienes trabajan en remoto, y 2026 está trayendo una nueva fase de madurez a un fenómeno que desde hace años transforma el perfil de barrios y municipios del archipiélago. En Tenerife y Gran Canaria, la red de espacios de coworking y coliving está ya plenamente asentada: solo en Gran Canaria existen alrededor de cincuenta espacios de coworking, con Las Palmas consolidada como el gran hub urbano, mientras Tenerife apuesta por una combinación de naturaleza, playas y bosques que atrae a un perfil de nómada más orientado al equilibrio entre vida y trabajo.
Entre los espacios que están definiendo esta segunda fase del fenómeno destacan Nine, en el casco histórico de La Orotava, que ha transformado una casa canaria del siglo XIX en un lugar donde vivir, trabajar y socializar; Cactus Coliving en Los Cristianos, con precios mensuales de entre 700 y 1.200 euros; Maraya, con vistas al océano; y Coworksurf en Las Palmas, que combina coworking 24 horas y coliving en varias ubicaciones de la isla. A ellos se suman decenas de proyectos más pequeños, muchas veces gestionados por antiguos nómadas digitales que decidieron establecerse en el archipiélago y convertir su propia experiencia en un servicio para quienes llegan después.
El motivo del éxito sigue siendo el mismo desde hace años: un clima primaveral durante más de 300 días al año, temperaturas que oscilan casi siempre entre los 18 y los 28 grados, fibra óptica extendida incluso fuera de los núcleos urbanos, buenas conexiones aéreas con el resto de Europa y una zona horaria alineada con el continente. A esto se suma un factor menos tangible pero decisivo: una comunidad ya amplia y estructurada, con eventos de networking, grupos activos en redes sociales y una oferta de actividades —desde surf hasta yoga, pasando por excursiones y talleres profesionales— pensada para quienes trabajan de forma autónoma y buscan vida social fuera de la oficina.
Este crecimiento, sin embargo, no está exento de implicaciones para el territorio. La llegada constante de trabajadores remotos, a menudo con rentas superiores a la media local, alimenta el debate ya candente sobre el mercado inmobiliario y los precios de alquiler en los barrios más demandados de Las Palmas, Santa Cruz y el sur de Tenerife, un debate que conecta la cuestión de los nómadas digitales con el más amplio de la sostenibilidad del modelo turístico del archipiélago. Varios operadores del sector coliving señalan que el otoño es tradicionalmente la temporada de mayor expansión de la demanda, coincidiendo con el regreso de los meses estivales y el inicio de nuevos ciclos laborales para quienes planifican estancias de media o larga duración: un contexto en el que varios espacios están ampliando su capacidad de cara a los próximos meses, aunque de momento no hay anuncios oficiales de nuevas aperturas a gran escala.
Para Canarias, el reto de los próximos meses será encontrar el equilibrio entre el atractivo internacional que genera este fenómeno —en términos de actividad económica, visibilidad y diversificación frente al turismo tradicional— y la necesidad de proteger el acceso a la vivienda para la población residente, un asunto sobre el que administraciones locales y asociaciones sectoriales siguen debatiendo.