En el chicharro del mercado se esconde una posible arma contra bacterias y tumores

Scritto il 06/08/2026
da Redacción

Es uno de los pescados más comunes y económicos de los mercados canarios, relegado a menudo a los puestos más baratos junto a sardinas y bogas. Pero el chicharro (Trachurus trachurus) está ahora en el centro de un hallazgo científico que podría, con el tiempo, abrir la puerta a nuevos fármacos contra bacterias resistentes y células tumorales.

Una tesis doctoral defendida en el Instituto de Productos Naturales y Agrobiología (IPNA-CSIC), financiada por el Gobierno de Canarias a través de un contrato predoctoral y dirigida por el investigador José Manuel Pérez de la Lastra, ha analizado por primera vez el genoma del chicharro en busca de piscidinas: péptidos antimicrobianos exclusivos de los peces, presentes en la piel, las branquias y las mucosas, donde actúan como primera línea de defensa frente a patógenos en el medio marino.

Según ha informado la propia Universidad de La Laguna (ULL) y recogido medios como Diario de Avisos y Canarias7, la investigadora Patricia Asensio Calavia ha identificado en estas moléculas una capacidad extraordinaria para combatir patógenos humanos y líneas celulares tumorales, con una toxicidad reducida frente a muchos fármacos actualmente en uso y —un detalle nada menor en la era de la resistencia a los antibióticos— una baja probabilidad de generar resistencia en los microorganismos objetivo.

El punto de partida de la investigación no podría ser más cotidiano: el chicharro es una especie profundamente arraigada en la pesca y la cocina de Tenerife, presente a diario en los mercados locales. Estudiar su código genético para extraer compuestos bioactivos es un ejemplo de cómo la biodiversidad marina de las islas —contada casi siempre en clave turística o gastronómica— puede convertirse también en un recurso para la investigación farmacéutica internacional.

El hallazgo llega en un momento en que la ULL está obteniendo resultados destacados en investigación científica: la universidad ha logrado recientemente más de 1,6 millones de euros en la convocatoria estatal de equipamiento científico-técnico 2025, destinados entre otras cosas al laboratorio de seguridad biológica de nivel 2+ y al servicio de genómica del SEGAI (Servicio General de Apoyo a la Investigación), infraestructuras que podrán respaldar precisamente este tipo de investigación a nivel molecular.

Quedan, como siempre en estos casos, los largos plazos de la investigación farmacéutica: del descubrimiento de una molécula prometedora en el laboratorio al desarrollo de un fármaco realmente comercializable pueden pasar años, si no décadas, de estudios posteriores. Pero en un campo —el de los antibióticos— en el que la Organización Mundial de la Salud lleva años señalando una preocupante escasez de nuevos principios activos en desarrollo, cualquier vía realista merece atención. Y esta, en Canarias, nace literalmente a dos pasos del mercado del pescado.