Seis mil metros cúbicos diarios. Esa es la nueva capacidad conjunta de las desaladoras de Los Cangrejos y La Restinga, en El Hierro, tras la finalización de las obras de modernización anunciadas por el Gobierno de Canarias. Hasta hace poco, la producción apenas superaba los 5.200 metros cúbicos: un incremento del 15% que, en la isla más pequeña del archipiélago, se traduce en grifos que no se cierran durante los meses de mayor sequía.
La intervención más reciente se ha centrado en la planta de Los Cangrejos, en el municipio de Valverde, donde una inversión de 1,9 millones de euros ha permitido remodelar uno de los módulos productivos con un nuevo bastidor de 140 membranas de ósmosis inversa, capaz de producir 1.200 metros cúbicos diarios, ampliables hasta 1.800 en caso de emergencia hídrica. Estos trabajos se suman a los ya concluidos en la desaladora de La Restinga, en el municipio de El Pinar, financiados con una inversión aparte de 2,3 millones de euros.
El dato que más interesa a los vecinos, sin embargo, no es técnico sino económico: según publicó Libertad Digital el pasado 3 de agosto, el conjunto de estas actuaciones ha permitido reducir en torno a un 30% el coste del agua para los herreños, gracias a un consumo energético más eficiente por cada metro cúbico producido. En una isla donde el agua dulce no procede de ríos ni de acuíferos abundantes, sino casi por completo del mar transformado en las plantas, cada punto de eficiencia energética se nota directamente en el recibo.
El Hierro no es nueva en este tipo de innovación: es conocida internacionalmente por su sistema hidroeólico Gorona del Viento, que combina energía eólica y bombeo hidráulico para cubrir buena parte de la demanda eléctrica de la isla. La ampliación de las desaladoras encaja en la misma filosofía: hacer que la isla dependa menos de recursos externos y sea más resiliente frente a periodos de sequía, cada vez más frecuentes en un archipiélago de clima subtropical seco.
El agua es un asunto central en todo el archipiélago, donde el crecimiento demográfico, el turístico y las necesidades de la agricultura compiten por un recurso limitado. Instituciones como el ITC (Instituto Tecnológico de Canarias) llevan años trabajando en proyectos para reducir el impacto ambiental de la desalación, especialmente en la gestión de la salmuera, el subproducto de alta salinidad que constituye el principal reto ambiental de estas plantas.
Para una isla de poco más de 11.000 habitantes, pasar de 5.200 a 6.000 metros cúbicos diarios no es una cifra abstracta: significa margen de seguridad para el verano, para la agricultura local y para una población que, como en el resto del archipiélago, mira cada vez con más atención cómo se produce y se paga el agua que sale del grifo.