Un café con vistas al Atlántico, un wifi capaz de aguantar una videollamada sin cortes, y un vuelo que en pocas horas conecta con Múnich, Londres o Ámsterdam: esa combinación es, según un estudio publicado el pasado 1 de julio, la que ha llevado a Las Palmas de Gran Canaria hasta el décimo puesto de un ranking mundial de las mejores ciudades para teletrabajar en verano.
El estudio, elaborado por la empresa tecnológica DOJO, analizó cerca de 300 destinos valorando velocidad de conexión, calidad de vida, seguridad, coste de vida y visados para nómadas digitales. Las Palmas comparte el "top 20" con Valencia (tercera) y Sevilla (octava), además de Zaragoza, Madrid, Bilbao y Murcia: España es el segundo país con más ciudades en la clasificación, solo por detrás de Italia, cuyas ciudades de Génova y Bari ocupan los dos primeros puestos.
Detrás de las cifras hay un ecosistema cada vez más visible en el día a día de la capital grancanaria. Cada mes, la comunidad "The Circle Gran Canaria" organiza un encuentro afterwork que mezcla emprendedores, nómadas digitales, creativos y profesionales locales en azoteas con vistas al océano o coworkings, con charlas sobre tecnología, turismo o sostenibilidad. En Facebook, el grupo "Tenerife Remote Workers and Digital Nomads" supera los 38.000 miembros.
Un factor recurrente entre quienes se trasladan a Canarias es la fiscalidad. El IGIC tiene un tipo general del 7%, muy por debajo del 21% de IVA en el resto de España. Para autónomos y pequeñas empresas esto se traduce en costes menores, aunque el coste de vida sigue siendo alto respecto a los salarios locales, un tema que alimenta el debate sobre cuánto influyen los nómadas digitales en los precios del alquiler.
Quienes optan por una mudanza formal pueden usar el visado de nómada digital español, que en 2026 exige al solicitante principal ingresos mínimos de 2.849 euros al mes.
El resultado es un archipiélago con una identidad doble: destino vacacional para millones de turistas y, a la vez, base semipermanente para profesionales que trabajan a distancia desayunando frente al océano. Una convivencia con beneficios económicos claros, que exige también políticas capaces de equilibrar el atractivo internacional con la sostenibilidad del mercado de la vivienda para quienes nacieron y crecieron en Canarias.