Un error de cada diez menos, un reloj que se desvía un segundo cada 30 millones de años

Scritto il 12/08/2026
da Redacción

En la misma semana de principios de agosto, dos empresas estadounidenses publicaron anuncios que, leídos juntos, cuentan mejor que cualquier previsión hacia dónde va realmente la computación cuántica: no (solo) hacia el laboratorio académico, sino hacia aplicaciones concretas, incluidas las militares.

El 5 de agosto, D-Wave Quantum publicó en Nature un estudio titulado "An entangling gate for dual-rail erasure qubits", que describe una puerta lógica de dos qubits rápida y de alta fidelidad para su arquitectura de qubits superconductores "dual-rail". El dato que ha llamado la atención de los especialistas es la fidelidad de la operación, cercana al 99,9%, lograda con tiempos de ejecución de unos 500 nanosegundos gracias a un sistema de detección de errores integrado directamente en el hardware. Según las simulaciones de la compañía, esta arquitectura podría reducir la tasa de error lógico en un factor de diez por cada nivel adicional de corrección, reduciendo drásticamente el número de qubits físicos necesarios para construir un ordenador cuántico verdaderamente tolerante a fallos, el verdadero cuello de botella del sector. La hoja de ruta publicada por D-Wave es ambiciosa: 17 qubits físicos para finales de 2026, 49 en 2027, 181 en 2028, hasta un sistema de 10 qubits lógicos en 2030 y uno de 100 en 2032.

Al día siguiente, el 6 de agosto, la competidora IonQ anunció un contrato —una extensión de 28 millones de dólares, con una opción de hasta 30 millones adicionales— con la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa de Estados Unidos (DARPA), dentro del programa "It's About Time", para producir 125 relojes atómicos ópticos compactos del modelo Evergreen-05. No se trata de computación cuántica en sentido estricto, sino de una tecnología que comparte con ella la misma base física: estos relojes, del tamaño de una caja de zapatos (unos 5 litros de volumen), garantizan una estabilidad de 50 femtosegundos por segundo y un error inferior a un nanosegundo en diez días de autonomía, lo que se traduce en una deriva de menos de un segundo cada 30 millones de años. Se emplean en aplicaciones de radar, comunicaciones seguras y geolocalización de precisión en plataformas terrestres, marítimas y aéreas, y la propia IonQ invertirá 15 millones de dólares en una nueva planta de producción dedicada para cumplir los plazos de entrega exigidos por el gobierno estadounidense. En paralelo, su filial Capella ha obtenido un contrato con la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO) de Estados Unidos para suministrar imágenes de radar de apertura sintética en apoyo de misiones de seguridad nacional.

¿Qué dicen, juntos, estos dos anuncios? Que el sector de la computación y las tecnologías cuánticas atraviesa una fase de transición de la investigación pura al mercado, un mercado que, al menos por ahora, pasa en buena medida por contratos gubernamentales y de defensa más que por aplicaciones de consumo. Para las empresas cotizadas del sector, ambas con acciones especialmente volátiles en los últimos años, estos contratos son también una señal relevante hacia los inversores: la tecnología empieza a generar ingresos verificables, no solo promesas a largo plazo. Durante la búsqueda no ha surgido ninguna conexión directa, concreta y verificable entre estos avances y las Islas Canarias: se trata, en todos los sentidos, de una historia de tecnología global.