A las tres de la tarde del 15 de agosto, el aeródromo de Maspalomas —normalmente silencioso, marcado solo por el despegue ocasional de alguna avioneta— se transformará por un día en una de las pistas de baile más grandes del sur de Gran Canaria. Es la cita con Sansa XL, el festival de afro house y latin house que este año llega a su tercera edición, consolidándose como uno de los eventos veraniegos más esperados de la isla.
El formato, ya rodado tras las dos ediciones anteriores, apuesta por un concepto "XL": producción de gran formato, varios escenarios, una selección musical que acompaña al público desde el atardecer hasta bien entrada la noche. El evento está reservado para mayores de 25 años, una decisión que el festival ha mantenido desde sus inicios para definir con claridad su público objetivo, y las entradas —disponibles desde algunas decenas de euros a través de plataformas de venta online— están registrando, según varios medios locales, una buena demanda de cara a la fecha.
Sansa XL no nace en el vacío: se inserta en un verano 2026 especialmente cargado de propuestas musicales para las Islas. Solo un día después, el 16 de agosto, el mismo aeródromo acogerá la octava edición del Sunday Fest en la zona del Campo 1 de Maspalomas, mientras que en Tenerife el mes ya ha visto sucederse Sunblast, el festival de música electrónica en Golf Costa Adeje, y la duodécima edición del Reggae Can Festival, ya una cita fija para los aficionados al género en Canarias. Un calendario que cuenta, mejor que muchas estadísticas, cómo la oferta de ocio nocturno y musical del archipiélago se ha ampliado y diversificado en los últimos años, en paralelo al crecimiento del turismo y de una población residente cada vez más joven.
Para Maspalomas y para el sur de Gran Canaria, eventos como Sansa XL representan también un impacto económico nada desdeñable: alojamiento, restauración, transporte local y comercio se benefician durante los días del evento de una afluencia concentrada de público, procedente no solo de la isla sino también del resto del archipiélago y, cada vez más, de visitantes internacionales que ajustan su estancia en Canarias haciéndola coincidir con el calendario de festivales.
La elección del emplazamiento —un aeródromo, un espacio abierto e insólito para un evento musical— sigue siendo uno de los elementos distintivos del festival desde su primera edición, capaz de ofrecer una amplitud de espacio y una escenografía (pistas de aterrizaje, cielo abierto, el mar no muy lejos) difícil de replicar en un local cerrado o en una plaza urbana. Es un formato que, según los organizadores, apuesta precisamente por ese elemento de "inmersividad" para diferenciarse en un panorama cada vez más saturado de festivales de verano europeos.
Con la cuenta atrás ya en su recta final, la cita del 15 de agosto se perfila como uno de los momentos culminantes del verano musical canario: una tarde que se transforma en noche, entre sesiones de dj, luces y un público que en los últimos años ha aprendido a considerar Sansa XL una parada fija en el calendario estival de la isla.