El grupo de Facebook "Tenerife Remote Workers and Digital Nomads" reúne a más de 38.000 miembros. El dedicado a todo el archipiélago, "Canary Islands Digital Nomads & Remote Workers", supera los 17.000. Son cifras que, por sí solas, cuentan algo que los datos oficiales de turismo no siempre logran capturar: detrás de la etiqueta "nómada digital" hay un ecosistema construido en gran parte con redes informales, montadas desde abajo, muchas veces antes incluso de que las instituciones repararan en el fenómeno.
Repeople, por ejemplo, nació en Gran Canaria en 2017 con el objetivo declarado de construir comunidades de trabajadores remotos a nivel local, internacional y virtual, según recoge el portal oficial de turismo de Canarias. El proyecto es además uno de los organizadores de Nomad City, descrito por el propio Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria como uno de los principales eventos dedicados a nómadas digitales de Europa: una cita anual que reúne a profesionales del trabajo distribuido, empresas e instituciones para debatir cómo hacer las ciudades más acogedoras para quienes trabajan desde cualquier lugar menos una oficina fija.
No es la única iniciativa de este tipo en el archipiélago. En Lanzarote, Coworking Guru apuesta por la mezcla entre arte, tecnología y networking creativo. Pueblos Remotos trabaja, en cambio, en dirección opuesta a los grandes núcleos urbanos: promueve el teletrabajo como palanca de revitalización de las zonas rurales, favoreciendo el encuentro entre nómadas digitales y comunidades locales del interior, con el objetivo declarado de generar un impacto económico y cultural positivo para ambas partes. En Las Palmas, "Live it Up" utiliza Slack para organizar eventos y actividades comunitarias, mientras que plataformas como Meetup ofrecen un calendario regular de citas de coworking y socialización tanto en Gran Canaria como en Tenerife.
Existe además un nivel internacional: desde 2018, Canarias es uno de los destinos recurrentes de WiFi Tribe, comunidad global que organiza estancias de grupo de varias semanas en distintas ciudades del mundo, y figura de forma estable entre los veinte primeros destinos de Nomadlist, la plataforma de referencia del sector para quienes comparan coste de vida, conectividad, clima y seguridad antes de elegir dónde instalarse temporalmente.
Lo que emerge al unir estas piezas es un cuadro distinto de la imagen algo idealizada del nómada digital con el portátil en la playa. La comunidad real se organiza en grupos de Facebook donde se habla sobre todo de alquileres, cuestiones legales y recomendaciones prácticas, se estructura en torno a coworkings especializados por isla, y se alimenta de eventos recurrentes pensados precisamente para romper el aislamiento de quien trabaja solo, lejos de compañeros y familia.
Queda abierta la pregunta de fondo, que afecta tanto a residentes como a recién llegados: hasta qué punto estas redes logran integrar de verdad a quienes llegan con la población local, más allá de facilitar la vida entre iguales. Iniciativas como Pueblos Remotos, que eligen deliberadamente los pueblos del interior en lugar de las ciudades costeras más frecuentadas, parecen al menos intentar responder a esa pregunta de forma distinta a los grandes networks urbanos. Pero es un equilibrio que se construye día a día, grupo de Facebook tras grupo de Facebook, y no con un único anuncio institucional.