En Woodinville, una localidad a media hora de Seattle, en una nave industrial de 9.300 metros cuadrados, un equipo de 25 personas construye lo que aspira a convertirse en el mayor centro de datos jamás puesto en órbita. Se llama Starcloud-3 y, si todo sale según lo previsto, volará a bordo de la Starship de SpaceX, el cohete más grande jamás construido, que todavía no ha completado un ciclo de reutilización fiable.
Starcloud no es una startup cualquiera en el concurrido mundo de los "data center espaciales". Es la única empresa, hasta donde se sabe, que ha puesto en órbita una GPU Nvidia H100, el mismo chip que alimenta buena parte de los centros de datos terrestres dedicados a la inteligencia artificial. Ocurrió el 2 de noviembre de 2025, a bordo del pequeño satélite Starcloud-1, de 60 kilogramos. Un mes después, en diciembre, ese chip entrenó el primer modelo de lenguaje entrenado íntegramente en el espacio: NanoGPT, sobre la obra completa de Shakespeare. Ahora el satélite responde consultas con el modelo Gemma de Google.
Esta semana la compañía anunció una ampliación de 250 millones de dólares sobre la ronda Serie A de 170 millones cerrada en marzo, con lo que su valoración llega a 2.300 millones de dólares. Liderada por Manhattan West Ventures, la ronda contó también con la entrada directa de Nvidia, que según fuentes cercanas a la operación aportó 25 millones de dólares propios: una señal de que el gigante de los chips considera a Starcloud un socio útil para desarrollar su primer procesador pensado específicamente para el espacio, el Vera Rubin Space-1, cuyo vuelo no se espera antes de finales de 2028.
El fundador y consejero delegado, Philip Johnston, no ocultó a TechCrunch cuál es el verdadero cuello de botella del sector, y no tiene nada que ver con la informática: "We can see what's coming, we're going to need to book an enormous amount of launch" (vemos lo que se avecina, vamos a necesitar reservar una cantidad enorme de capacidad de lanzamiento). El programa Falcon 9 de SpaceX, hasta ahora el caballo de batalla de los lanzamientos comerciales, tiene previsto cerrar en 2028. Blue Origin con su New Glenn y ULA con el Vulcan todavía no vuelan con regularidad. Y la Starship, en la que Starcloud lo apuesta todo, sigue siendo un cohete enorme pero experimental: esta misma semana Elon Musk anunció que el intento de recuperación del próximo ejemplar se retrasará varios meses.
Mientras tanto, Starcloud ya ha solicitado a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos permiso para operar hasta 88.000 satélites, y trabaja en una nueva generación de satélites de 8 kilovatios, llamados Starcloud-2, que volarán en lanzamientos compartidos en 2027 para prestar servicio, entre otros clientes, a agencias del gobierno estadounidense. No es la única que se mueve en esta dirección: Google, con su proyecto Suncatcher, también busca probar en órbita clústeres de sus propios chips TPU, mientras Amazon y SpaceX persiguen estrategias satelitales a una escala todavía mayor.
Ninguna de las fuentes consultadas en esta sesión apunta a una conexión directa y verificable entre esta carrera por los data center orbitales y Canarias: el artículo se trata, por tanto, como un tema global puro, sin forzar vínculos locales.