Veinticinco grados. Esa es la cifra que separa un espacio cualquiera de un refugio climático interior en Canarias. Por encima de esa temperatura, por muy cómodo que parezca, no entra en la red.
El 30 de septiembre, el consejero de Transición Ecológica y Energía, Mariano H. Zapata, y la presidenta de la FECAM, María Concepción Brito, firmaron el protocolo marco que pone en marcha la Red Regional de Refugios Climáticos. Es solo el comienzo: cada ayuntamiento deberá firmar después una carta de adhesión para autorizar que sus espacios aparezcan en el visor cartográfico de Grafcan.
¿Qué veremos en ese mapa? La ubicación, el horario, la accesibilidad, si hay agua potable y aseos, y otros datos de confort. El Gobierno no ha dado fecha de puesta en marcha del visor y lo presenta como una herramienta que irá creciendo.
Las Oficinas Verdes de Canarias han hecho ya más de mil visitas de campo. La estimación actual es que más de 250 espacios, interiores y exteriores, cumplen hoy los criterios.
Los criterios son exigentes. Un refugio interior tiene que ser cubierto, gratuito, con accesibilidad universal, agua potable sin coste, zona de descanso, aseos y como máximo esos 25 grados. En exterior manda la vegetación: más de 2.000 metros cuadrados y más del 75% de cubierta vegetal para ser refugio; entre 500 y 2.000 metros cuadrados, microrrefugio; por debajo de 500, "rincón verde", la plaza o el patio arbolado que alivia a escala de barrio.
La red se piensa para quien más sufre el calor: mayores, menores, personas con enfermedades crónicas y trabajadores expuestos. La viceconsejera Julieta Schallenberg la sitúa dentro de una estrategia más amplia para adaptar ciudades y barrios. En ella participan ayuntamientos, cabildos y universidades, además del sector privado, con Ashotel y otras asociaciones turísticas y comerciales invitadas a sumarse.
Hay obras concretas. El Parque Sostenible de Piedra Hincada, en Guía de Isora, ha supuesto 1,1 millones de euros. Se preparan nuevos refugios en Los Realejos, San Bartolomé de Tirajana, el Puerto de Tazacorte y Santa Cruz de La Palma. Además, los 88 ayuntamientos y los siete cabildos han recibido una guía para diseñar zonas verdes que funcionen como refugio.
La pregunta incómoda la planteó la propia Mari Brito en la firma: quién paga el mantenimiento. La FECAM pidió financiación para sostener los refugios existentes, garantizar su funcionamiento y ampliar la red. Señalar un parque en un mapa es barato; mantenerlo con riego, sombra y fuentes que funcionen, no tanto, sobre todo en los municipios pequeños.
De momento, el mapa no existe para el ciudadano. Cuando exista, y cuando cada ayuntamiento haya firmado, saber dónde hay sombra y agua cerca de casa será una información tan útil como el teléfono de la farmacia de guardia.