¿Cómo se busca una cueva en otro planeta sin poder entrar en ella? Antes de responder en Marte, hay que ensayar en la Tierra. Durante once días de septiembre, una parte de ese ensayo se hizo en Tenerife.
Entre el 14 y el 25 de septiembre, el Instituto Volcanológico de Canarias (INVOLCAN) colaboró en una campaña científica en la Cueva del Viento, Montaña Samara y Montaña Blanca. El objetivo era estudiar el subsuelo de estas estructuras volcánicas con métodos electromagnéticos no invasivos. La campaña forma parte del proyecto MARS-LAVA (Martian Analysis of Resources and Structures: Lava tubes, neAr-surface ice and aquifers Visibility and Assessment). Su meta es desarrollar y validar un conjunto de sensores y metodologías geofísicas que puedan viajar en rovers y drones para explorar Marte.
El proyecto tiene sello italiano. Lo financia el programa PRORIS de investigación espacial básica, promovido por el Ministerio de Universidad e Investigación (MUR), el CNR y el INAF. Según la ficha del Instituto de Radioastronomía del INAF en Bolonia, lo dirige el CNR-IREA, con Pietro Tizzani como investigador principal, en colaboración con el CNR-IFAC y el INAF-IRA. Empezó el 11 de mayo de 2026 y durará dos años. En Tenerife trabajaron personal de INVOLCAN, del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER) del Cabildo, del IREA-CNR, del IMIOT-CNR, del INGV y de la Universidad de Bari.
¿Por qué interesan tanto los tubos de lava? En Marte son uno de los candidatos más serios para refugiar futuras bases humanas, protegidas de la radiación y de los cambios bruscos de temperatura. MARS-LAVA quiere aprender a detectarlos desde fuera. También busca hielo cerca de la superficie, glaciares rocosos, permafrost y posibles reservas de agua, que serían decisivos para hablar de habitabilidad y de recursos aprovechables.
Para encontrarlos, el proyecto combina radar, magnetometría, gravimetría, métodos electromagnéticos, LiDAR e infrarrojo térmico, e integra los resultados con modelización numérica y fusión de datos. Todo eso hay que probarlo en lugares terrestres parecidos a Marte. Los volcanes de Tenerife reúnen tres ventajas: tienen estructuras comparables, se puede llegar a ellos con facilidad y están muy bien estudiados.
Según el ITER, el objetivo final es diseñar una carga geofísica optimizada y de altas prestaciones para futuras misiones planetarias. Dicho de forma sencilla, un paquete de instrumentos que quepa en un rover o un dron y que sepa distinguir una cavidad vacía de una llena de hielo.
No es un episodio aislado. El ITER, empresa del Cabildo con sede en Granadilla, acogerá los días 3 y 4 de diciembre el III Congreso Aeroespacial de Canarias (CIAC 2026), organizado por el Clúster Aeroespacial de Canarias. Allí está prevista la presentación de Tenerife Space Horizon y de la Estrategia Aeroespacial Canaria. El programa incluye drones, observación de la Tierra y procesado de datos satelitales.
Todavía no se conocen los resultados de las mediciones de septiembre, y sería prematuro esperarlos con un proyecto de cinco meses de vida. Lo que sí deja la campaña es una idea interesante: los volcanes que Canarias vigila para protegerse también sirven para preparar la exploración de otros planetas.