Diez mil cincuenta y dos personas, la mitad con semaglutida y la mitad con placebo. Con esa muestra, según MIT Technology Review, Novo Nordisk ha analizado si su fármaco cambia la edad biológica de quien lo toma.
La respuesta que dio la compañía en la 13.ª conferencia ARDD (Aging Research & Drug Discovery), recogida por Gizmodo el 9 de octubre, es que sí, algo. Con “relojes proteómicos”, que estiman la edad a partir de proteínas en sangre, vieron una reducción de la edad biológica de “dos a tres años” de media, según Nikolaj Roed, de Novo. Con un reloj basado en proteínas del corazón, la diferencia llegó a unos cuatro años.
Eli Lilly presentó su propio análisis sobre tirzepatida con relojes epigenéticos, que leen cambios químicos en el ADN. La tendencia fue la misma, un envejecimiento molecular más lento que en los controles, aunque no encontré cifras concretas para ese trabajo.
Los matices pesan tanto como los titulares. Los resultados no han pasado revisión por pares y los han elaborado científicos de las propias empresas. Los relojes del envejecimiento son una ciencia joven, y se desconoce cuánto de esa diferencia se traduce en salud real. El efecto varió mucho según el reloj y el órgano. Y las personas del estudio tenían obesidad o diabetes de tipo 2.
Ese último punto es el más delicado. Vadim Gladyshev, de Harvard, lo resumió así: “in a healthy population, no one knows”. Es posible que un paciente con obesidad que adelgaza simplemente se acerque a su edad real, y eso dice poco sobre alguien sano de 50 años que quiera usar el medicamento para rejuvenecer. Kevin Duffin, de Lilly, fue prudente: “It’s not like we’re going to reverse age by 30 years or something”.
Tampoco hay que olvidar los efectos secundarios. Estos fármacos pueden provocar pérdida de masa muscular, y MIT Technology Review recuerda que todavía se estudian otros, desde la vista hasta el pelo y las uñas. Nada de esto es consejo médico: quien tome estos medicamentos debe hablar con su médico.
La prueba de verdad viene después. La agencia estadounidense ARPA-H financia con 38 millones de dólares un ensayo en Texas que empieza en enero. Medirá si la semaglutida tiene efectos antienvejecimiento en adultos sanos mayores de 60 años, mirando cognición, movilidad y agudeza sensorial. Ese ensayo, y no los relojes, dirá si hablamos de fármacos de longevidad.
Una nota sobre las fuentes: el tamaño del ensayo de Novo, los años exactos y la cifra de ARPA-H salen de MIT Technology Review; Gizmodo confirma los años pero no el número de participantes. Por ahora hay más preguntas que respuestas.