Más del 15 % de la energía renovable que se produce en Canarias no llega a integrarse en el sistema eléctrico. No faltan aerogeneradores ni placas: en ciertas horas llega más energía de la que la red puede absorber y no hay dónde apartarla. Lo dijo el consejero de Transición Ecológica y Energía, Mariano Hernández Zapata, el 13 de octubre en el Parlamento, y soltó una frase que merece citarse: el almacenamiento no es un complemento de la transición, es una condición necesaria.
La paradoja se ve a simple vista. El sol y el viento producen cuando les da la gana, la gente consume cuando puede, y las islas no tienen una red continental a la que mandar el sobrante. Por eso siguen encendidas las centrales convencionales que garantizan el suministro. Zapata lo reconoció sin rodeos: las baterías todavía no pueden sostener la demanda durante periodos largos, así que parte de la generación convencional se mantendrá para emergencias.
El ejemplo que se cita siempre es El Hierro. La central hidroeólica de Gorona del Viento, que usa el agua como batería, cubrió en 2025 el 100 % de la demanda eléctrica de la isla con renovables durante más de mil horas. En El Hierro la penetración renovable supera el 60 %; en las demás islas está por debajo del 20 %. La comparación dice más que cualquier eslogan.
El resto del mapa es una obra o una propuesta. En Gran Canaria se construye la central de bombeo Chira-Soria, con más de 200 MW de potencia de turbinación y unos 3.500 MWh de capacidad. En Tenerife se plantea una central hidroeléctrica en Güímar de unos 200 MW y una inversión superior a los mil millones de euros. Para La Palma, un estudio del Instituto Tecnológico de Canarias propone una primera fase de 30 MW y 600 MWh con la Laguna de Barlovento como emplazamiento prioritario, aunque faltan estudios y trámites. En Lanzarote y Fuerteventura el bombeo se descarta por ahora por falta de desnivel y se analizan otras tecnologías.
Luego están las baterías. En La Gomera se han autorizado tres proyectos de almacenamiento vinculados a los parques eólicos de Jedey, Las Tricias y La Sabina, de unos 2 MW cada uno. Desde el 1 de julio funciona la interconexión Tenerife-La Gomera, que convierte a las dos islas en un único sistema. Y está el autoconsumo: de unos 136 MW en 2023 a más de 302 MW en junio de 2026, en 24.817 instalaciones.
Detrás de todo esto hay una norma sin cerrar. Zapata pidió al Estado que termine el real decreto sobre la retribución de las baterías en los sistemas no peninsulares, y lo calificó de antes y después para el almacenamiento en Canarias; el Gobierno canario también presentó alegaciones a la modificación del Real Decreto 738/2015. Mientras las baterías no tengan una forma clara de ganar dinero, que las construyan empresas privadas es difícil, y los textos oficiales consultados no entran en el detalle.
Para quien vive aquí, el mensaje es menos abstracto de lo que parece. Cada kilovatio hora tirado es un kilovatio hora que alguien pagó en instalaciones e incentivos, y la dependencia de los combustibles fósiles solo baja si se aprovecha lo que se produce. Cuánto tardará, nadie lo ha cuantificado: los plazos de Chira-Soria y Güímar no se precisan en las fuentes consultadas.