En Fuerteventura, antes de molturar una aceituna hay que llamar por teléfono. El número es el de la Granja Experimental de Pozo Negro, en Antigua, y sirve para reservar turno en la almazara del Cabildo. Así lo pedía el propio Cabildo al abrir la campaña, el 1 de agosto.
Este viernes 30 de octubre se cierra la de 2026. El Cabildo difundió las cifras en sus redes y las recogen Canarias7 y Vivir Ediciones: 15.250 litros de aceite, en torno a 149.000 kilos de aceituna molturada, 145 productores y 240 lotes. El rendimiento medio ronda los 10 litros por cada 100 kilos. Las cifras, avisa la institución, pueden variar ligeramente hasta el cierre oficial.
Conviene mirar hacia atrás. En 2025, la misma almazara procesó más de 70.000 kilos y repartió el aceite entre 145 productores locales, según datos del propio Cabildo publicados en octubre de aquel año. Es decir, la aceituna se ha más que duplicado con el mismo número de productores. Y antes de eso estuvo 2024, el “cero histórico”: la cosecha fue tan escasa que las almazaras ni abrieron. Se apuntó entonces a la falta de frío y a la escasez de agua, aunque como hipótesis, no como diagnóstico. Mohamed Galdi, gerente de la almazara Teguerey, contaba que tocaba cuidar los árboles y esperar a la siguiente temporada.
Dos buenos años no son todavía una tendencia, y ninguna de las fuentes consultadas explica el salto con una causa concreta. Lo que sí enseñan los documentos es la estructura que permite que cosechen también los pequeños. Una almazara cuesta dinero, ocupa espacio y exige mano de obra y agua para la limpieza. En una isla con unos 200 olivareros, según la prensa de 2024, pocos podrían tener la suya. Poner una pública a disposición, dentro de una granja experimental, hace que la aceituna de cada uno se convierta en aceite sin que cada uno tenga que invertir.
El calendario respeta la maduración: manzanilla y arbequina en agosto, hojiblanca y picual en septiembre, verdial desde finales de septiembre y durante octubre. La presidenta del Cabildo, Lola García, y el consejero de Agricultura, Enrique Pérez, elogiaron a los productores que mantienen “la excelencia de un producto majorero cada vez más reconocido”.
Falta, eso sí, lo que los textos no cuentan. No sabemos cuánta agua consumen los olivares ni si se riegan, qué parte del aceite sale a la venta y a qué precio, ni cuánto le cuesta al Cabildo sostener el servicio. Son preguntas abiertas, y de ellas depende que el modelo pueda repetirse en otro sitio o dependa de que el clima acompañe.
Por ahora queda algo sencillo. En una isla donde el campo convive con viento, aridez y años impredecibles, 145 personas llevaron sus aceitunas al mismo lugar y volvieron con aceite. Quien quiera hacerlo el año que viene ya sabe por dónde empezar: por una llamada.