El precio del barril de petróleo Brent ha vuelto a superar los 108 dólares esta mañana, recuperando los niveles de principios de semana tras un breve respiro motivado por señales de distensión entre Estados Unidos e Irán. La tregua duró poco: el presidente estadounidense endureció de nuevo su discurso en su intervención televisiva del miércoles por la noche, amenazando con intensificar los ataques. Los mercados reaccionaron de inmediato y el petróleo volvió a dispararse.
Para muchos canarios, estas noticias pueden parecer lejanas. Pero lo que ocurre en el Estrecho de Ormuz —una franja de agua de apenas 55 kilómetros de ancho entre Irán y la península arábiga— tiene consecuencias muy concretas sobre el precio de la gasolina en las estaciones de servicio del archipiélago, el coste de los vuelos y hasta el precio de los alimentos en el supermercado.
¿Por qué el Estrecho de Ormuz importa tanto?
Por ese estrecho pasa aproximadamente el 25% de todo el petróleo y gas que se comercializa en el mundo. Cuando ese corredor está bloqueado o en riesgo, el mercado global del crudo se tensiona de inmediato: hay menos oferta disponible y los precios suben. Según Ricardo Evangelista, analista sénior de ActivTrades, cuanto más tiempo permanezca el estrecho efectivamente cerrado, mayor será el impacto sobre el mercado energético mundial y mayor la probabilidad de nuevas subidas de precios.
El análisis de Evangelista apunta a que el conflicto probablemente se prolongará más allá de abril y que no hay perspectivas realistas de que las rutas de transporte vuelvan a la normalidad en el corto plazo. En este contexto, los precios del petróleo y del gas tienen más probabilidades de seguir subiendo que de bajar, aunque con la volatilidad propia de un conflicto geopolítico en el que los mensajes de Washington cambian de un día para otro.
La gasolina y la energía: el impacto más directo
Las Canarias dependen casi en su totalidad de los combustibles fósiles para generar electricidad y mover su parque de vehículos. A diferencia de la península, el archipiélago tiene una capacidad de interconexión energética nula con el exterior, lo que lo hace especialmente vulnerable a las fluctuaciones del mercado del crudo.
Una subida sostenida del precio del barril de petróleo se traslada inevitablemente al precio de la gasolina y el diésel en los surtidores canarios. Aunque el gobierno central aplica bonificaciones y las islas cuentan con una fiscalidad indirecta reducida gracias al Régimen Económico y Fiscal (REF) canario, el margen de absorción tiene un límite. Si el Brent se mantiene por encima de los 100 dólares de forma prolongada, los canarios notarán el impacto en su bolsillo cada vez que reposten.
Lo mismo ocurre con la factura eléctrica. Las empresas generadoras de energía en las islas utilizan fuel y gas para producir electricidad, y cuando el coste de esas materias primas sube, la tarifa que pagan los hogares y las empresas tiende a seguir el mismo camino.
Los vuelos y el turismo: una amenaza para el motor de las islas
El turismo representa más de un tercio del PIB canario y depende casi en su totalidad del transporte aéreo. El queroseno, el combustible que usan los aviones, es un derivado del petróleo y su precio sigue de cerca las fluctuaciones del crudo. Cuando el petróleo sube, las aerolíneas incrementan sus costes operativos y, tarde o temprano, trasladan esa presión a los precios de los billetes.
Un encarecimiento de los vuelos hacia las Canarias podría desincentivar la llegada de turistas, especialmente desde los mercados más sensibles al precio, como el británico o el alemán. En un archipiélago que recibe más de 16 millones de visitantes al año, incluso una caída moderada en la demanda turística tiene consecuencias significativas sobre el empleo y la actividad económica local.
El precio de los alimentos y la cesta de la compra
El petróleo no solo mueve coches y aviones: también mueve barcos y camiones que transportan alimentos. Las Canarias importan la gran mayoría de los productos que se consumen en las islas. Cuando el coste del transporte sube, el precio de los alimentos tiende a seguirle. Este mecanismo, que los economistas denominan inflación importada, fue uno de los principales factores que dispararon la inflación en toda España entre 2021 y 2023.
Si el conflicto en Oriente Medio se prolonga y los precios del crudo siguen al alza, existe el riesgo de que la inflación, que ha remitido en los últimos meses, vuelva a repuntar. Esto afectaría especialmente a las familias canarias con rentas más bajas, que destinan una mayor proporción de su presupuesto a la alimentación y los suministros básicos.
Volatilidad e incertidumbre: el nuevo escenario
Uno de los aspectos más destacados del análisis de ActivTrades es la advertencia sobre la volatilidad. Los mercados energéticos van a seguir reaccionando con fuerza a cada declaración política que llegue de Washington o Teherán. Esto significa que los precios del petróleo podrían oscilar de forma brusca de un día para otro, dificultando la planificación tanto de las empresas como de las familias.
Para las empresas canarias que necesitan fijar precios con antelación —desde los touroperadores hasta los distribuidores de alimentos o los transportistas— esta incertidumbre es en sí misma un problema, independientemente del nivel absoluto al que se sitúe el crudo.
Una guerra lejana con consecuencias cercanas
El Estrecho de Ormuz queda a más de 7.000 kilómetros de Gran Canaria. Pero la economía global está tan interconectada que lo que ocurre en esa franja de mar puede sentirse en cuestión de semanas en la gasolinera del barrio, en la factura de la luz o en el precio del billete de avión. Las Canarias, por su condición de archipiélago ultraperiférico, alejado del continente europeo y completamente dependiente del transporte para sus importaciones y su turismo, son especialmente vulnerables a estas sacudidas energéticas.
Seguir de cerca la evolución del conflicto no es solo una cuestión de política internacional. Es también, y sobre todo, una cuestión de economía doméstica.