Mañana, hacia las 19:53, en todas las islas alguien mirará hacia el oeste y durante unos minutos verá el Sol mordido por una sombra oscura. No será un eclipse total —Canarias queda fuera de la estrecha franja de totalidad que cruzará España el 12 de agosto de 2026— pero la Luna llegará a cubrir hasta el 73% del disco solar, un fenómeno que el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y la Agencia Espacial Europea (ESA) califican de "gran magnitud".
El fenómeno comenzará entre las 18:56 y las 18:58 según la isla, alcanzará su máximo entre las 19:52 y las 19:54, y terminará entre las 20:43 y las 20:46. Coincidirá casi exactamente con el atardecer, cuando el Sol esté ya muy bajo sobre el horizonte occidental, lo que añadirá espectacularidad pero exigirá un horizonte despejado hacia el oeste-noroeste para disfrutarlo bien.
Las islas orientales parten con ventaja: en Arrecife (Lanzarote) la ocultación estimada es del 73,18%, en Puerto del Rosario (Fuerteventura) del 71,95%. En Las Palmas de Gran Canaria bajará al 69,79% y en Santa Cruz de Tenerife al 69,75%, mientras que, según la ESA, La Graciosa disfrutará de las mejores condiciones de todo el archipiélago, con una ocultación de hasta el 77%.
El museo Elder ha habilitado ocho "atalayas cósmicas" repartidas por todas las islas —entre ellas Caleta de Sebo en La Graciosa, El Cotillo en Fuerteventura, Tejeda en Gran Canaria, Guía de Isora en Tenerife, Valle Gran Rey en La Gomera, Tazacorte en La Palma y La Frontera en El Hierro— con divulgadores científicos y reparto gratuito de gafas homologadas, imprescindibles para observar el fenómeno con seguridad.
Hay un hilo que conecta este eclipse con la propia historia de la astronomía canaria. El último eclipse total visible desde las islas fue en 1959, apodado entonces "el fin del mundo": aquel episodio reavivó el interés por el cielo de Izaña, ya intuido en 1910 por el astrónomo francés Jean Marcart, e impulsó a científicos como José María Torroja y el padre Antonio Romañá a estudiar las condiciones astronómicas de la zona. En 1961, el joven físico Francisco Sánchez inició la campaña de prospección que años después daría lugar a la fundación del IAC. Para el eclipse del 59, la Fuerza Aérea estadounidense desplegó aviones de transporte Lockheed C-130A Hercules y Douglas C-124 Globemaster, mientras un caza supersónico McDonnell F-101B Voodoo, especialmente adaptado con cámaras, siguió la sombra de la Luna a 13.700 metros de altura para prolongar los minutos de observación.
El de mañana no ofrecerá la corona solar —visible a simple vista solo durante la totalidad, cuando la superficie del Sol (unos 5.500 grados) deja entrever ese halo de plasma que la envuelve, misteriosamente más caliente por uno o tres millones de grados— pero sigue siendo una cita poco frecuente: un fenómeno similar no volverá a repetirse en las islas hasta 2053.
La expectación ya ha tenido efectos muy concretos sobre el territorio. En los alojamientos cercanos a los mejores puntos de observación la disponibilidad está prácticamente agotada y los precios han subido de forma notable, mientras las administraciones locales han activado planes especiales de seguridad, movilidad y protección civil para gestionar la llegada de visitantes. Las autoridades recomiendan planificar con antelación cualquier desplazamiento, llevar agua, protección solar y gorra, y evitar viajes improvisados, especialmente tras el momento de máxima ocultación, cuando se prevén retenciones de tráfico.