El papel de Italia en la conquista y colonización de Tenerife

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El papel de Italia en la conquista y colonización de Tenerife Cuando uno repasa las crónicas contemporáneas a los primeros momentos de la conquista y colonización de Canarias advierte que, particularmente en esta isla de Tenerife, el papel jugado por Italia y por varios personajes nacidos en las diferentes repúblicas que conformarían en un futuro próximo la nación italiana fue trascendental, digno de figurar con letras de molde en los anales del pasado isleño.

Alonso Fernández de Lugo, el Adelantado a quien los Reyes Católicos otorgaron la “merced” de la toma, posesión y reparto del suelo tinerfeño, la figura principal como gobernador en el entramado inicial de la historia de esta isla -tras su intenso e inextinguible pasado guanche-, buscó desde el comienzo el apoyo financiero básico para acometer tamaña empresa militar y colonizadora y hubo de hacerlo entablando contacto y amistad con las figuras que dominaban el mundo de la banca, los préstamos y los seguros en aquel entonces, mundo que, en los estertores del siglo XV y comienzos del Seiscientos, estaba en manos de Italia.

Fernández de Lugo, siguiendo la estela que iniciara Cristóbal Colón con su proyecto de viaje de exploración hacia el desconocido horizonte atlántico, concertó acuerdos con cinco de los mayores banqueros y prestamistas próximos a la escena castellana: los italianos Francesco di Rivarola, Matei Vigna, Nicola Angelote, Guglielmo di Bianco y Juanote Berardi, negociando las condiciones de reparto y reintegración de caudales en base a adjudicación de tierras, esclavos y ganado tras el proceso conquistador, todo siguiendo las duras y tristes cláusulas en boga en aquellos momentos.

Francesco di Rivarola (o Riberol, como se le llamaba en Castilla y en Canarias), nacido en Génova, miembro de una nobilísima familia que remontaba su filiación a Guillermo de Rossi, señor de Rivarola en Parma, fue uno de los promotores de la gesta colombina, y apoyó decididamente al Adelantado en la conquista de las islas de La Palma y Tenerife frente a los indígenas de cada una de ellas. Guglielmo di Bianco, de la Liguria, asentado en Puerto de Santa María, en la costa andaluza, fue otro de los proveedores económicos del Adelantado, jugando un papel muy importante en el penoso horizonte de la trata de esclavos guanches tras el proceso conquistador.

El florentino Juanote Berardi, factor y representante de la casa Médicis en la Corte castellano-aragonesa, que fuera socio de Américo Vespucio, participó asimismo en la financiación de la conquista de La Palma, y no participó en la de Tenerife porque le sobrevino la muerte justo en 1494, cuando se iniciaban los trámites para la toma de esta última.

Matei Vigna (castellanizado como Mateo Viña), también genovés, fue otro baluarte financiero de Alonso Fernández de Lugo y fue el único del conjunto de los banqueros italianos que se desplazó a Tenerife para asentarse como poblador.

De hecho, los repartos de tierras y aguas que se le entregaron fueron de los más extensos de los que se tiene noticia, con grandes latifundios en Tacoronte, Anaga y Garachico.

A este selecto grupo de personalidades que coparon los primeros puestos de los libros de historia al haber jugado un rol tan predominante en el escenario de la conquista y colonización de Tenerife debe unírsele todo un abundante conjunto de italianos que no desmerecieron en valentía y carácter aventurero al decidir establecerse en esta isla virgen, lejos del calor de sus hogares: personajes como los genoveses Cristoforo di Ponte -fundador del pueblo de Garachico- o Francesco di Palomar -dueño de gran parte de Agaete, en Gran Canaria-, los hermanos Blasino y Juan Filippo Inglesco, de Piombino (Livorno) -que iniciaron el cultivo del azúcar en Tenerife con “ingenios” o factorías en Güímar, Buenavista o La Orotava-, o Silvestre Pinello y Agustín Interián -que dio su apellido a la Caleta de Interián…-, todos son merecedores de nuestro respeto y de nuestra memoria al haber contribuido al desarrollo y crecimiento de Tenerife en una época plagada de dificultades y carencias, momentos dignos para “héroes” casi anónimos que dieron sus vidas, lejos de la tierra natal, por el progreso insular.

Daniel García Pulido, Técnico especialista – ULL Biblioteca General y de Humanidades – Campus de Guajara

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