La huella de Italia en el patrimonio artístico de Tenerife

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La huella de Italia en el patrimonio artístico de Tenerife Una prueba indiscutible del legado que ha dejado Italia y las repúblicas que inicialmente conformaban dicha nación sobre las Islas Canarias se fundamenta sobre los testimonios de índole artística y patrimonial que fueron arribando con el paso de los siglos al Archipiélago.

El horizonte de la escultura y del ornamento urbano escultórico en general no podría entenderse en las Islas sin la aportación señera y preponderante de los artistas italianos, que desde el mismo siglo XVI hasta el Ochocientos no cesaron de contribuir con su maestría a embellecer no solo el interior de iglesias, viviendas particulares o instituciones canarias sino incluso, y lo que es más importante, espacios públicos emblemáticos dentro de la paisajística tradicional de todas las localidades insulares.

Es difícil encontrar una sola ciudad isleña que no cuente, en el inventario pormenorizado de su patrimonio artístico, una muestra relevante que consolide la pervivencia y realidad del legado de Italia en Canarias, y esa valiosísima circunstancia se incrementa si cabe aún más en Tenerife, isla que, como hemos podido comprobar en artículos anteriores, mantuvo una especial vinculación tanto humana como comercial con la península italiana.

Podríamos iniciar el recorrido por la capital insular, Santa Cruz de Tenerife, donde no son pocos los ejemplos de esa herencia itálica en el patrimonio a lo largo de las centurias: por un lado podríamos hablar de la célebre escultura conocida como “Triunfo de la Candelaria” (1776), ubicada en la plaza homónima en la misma entrada de la ciudad, testimonio que ha sido considerado el primer monumento ornamental público de la isla, y que los estudiosos han atribuido a la escuela del marmolista de renombre universal Pasquale Bocciardo.

A renglón seguido debería seguirse ese itinerario con la no menos admirable fuente que adorna la céntrica Plaza de Weyler, obra del escultor Achille Canessa, precioso ejemplo de arquitectura neoclásica con los elementos indispensables de los pequeños ángeles, tritones y faunos.

Si a todo ello le unimos el trabajo del también escultor Angelo Cherubini, con figuras hoy ubicadas en el Parque García Sanabria, o que la propia Alameda del Duque de Santa Elena (antaño conocida como Alameda del Muelle o de Branciforte), fue mandada edificar por el comandante general Miguel de la Grúa Talamanca, nacido en Palermo en 1755, podemos hacernos una idea del legado italiano en la capital santacrucera.

En La Laguna nos esperan como piezas que sirvan para fundamentar ese legado italiano el maravilloso púlpito elaborado en mármol a mediados del siglo XVIII para la entonces iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, hoy Catedral nivariense, salido asimismo del cincel del escultor genovés Pasquale Bocciardo, obra esta que traslada al visitante que lo contempla a la fastuosidad y belleza de las obras clásicas de tiempos ancestrales, o, por ejemplo, la extraordinaria similitud de la torre de estilo toscano de la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción con el campanario de la Catedral de Turín.

Como nota triste debemos citar que asimismo merecían particular atención las esculturas del célebre escultor Antonio Maragliano que se conservaban en el antiguo Palacio Episcopal de La Laguna, pero ambas figuras fueron pasto de las llamas hace unos años. Se da la curiosa circunstancia de que sendas imágenes habían escapado ya anteriormente de un primer incendio en su iglesia de origen, San Agustín, y parecían tener marcado su destino en las llamas.patrimonio-artistico-tenerife

En La Orotava podríamos referir, para empezar, la circunstancia de que la cúpula del templo de Nuestra Señora de la Concepción nació imitando, a pequeña escala, el domo de la catedral de Florencia, así como que sabemos que, por un lado, la imagen titular de ese templo citado fue obra de las manos del tallista Angelo Olivari y que, por otro, en el presbiterio luce un excelente púlpito ejecutado por el artista italiano Giuseppe Gaggini en 1823, con la figura de un ángel con relieves de varios santos como San Lucas, San Juan Bautista y San Mateo.

La lista se puede engrosar con ejemplos en Puerto de la Cruz -con el conocido mirador de Lavaggi-, en Garachico –con la antigua sepultura del fundador de aquella localidad, Cristóbal de Ponte y su esposa, pieza tristemente perdida en la erupción del volcán de las Arenas Negras en 1706- o en Tacoronte, con una pila bautismal barroca italiana en su iglesia de Santa Catalina que hace las delicias de los turistas.

Paso a paso, vestigio a vestigio, se confirma ese legado artístico y patrimonial de Italia sobre la cultura isleña, marcando vínculos y nexos de parentesco cultural que han llegado hasta nuestros días, y que han contribuido de forma notable a perfilar la idiosincrasia del isleño y su pasado.

Daniel García Pulido, Técnico especialista – ULL Biblioteca General y de Humanidades – Campus de Guajara

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