En este contexto de transformación económica, el sector cultural está emergiendo como un recurso estratégico insospechado para las Islas Canarias. La industria audiovisual en particular se está consolidando como un verdadero activo económico de primera importancia. Canarias ofrece paisajes naturales únicos y extraordinariamente variados, incentivos fiscales competitivos e infraestructuras técnicas cada vez más sofisticadas. Esta combinación ha comenzado a atraer producciones internacionales de cine y series televisivas, transformando el archipiélago en un plató cinematográfico natural de nivel mundial.
Eventos especializados como el CIIF Market demuestran cuán maduro y estructurado está ya este sector. Ya no se trata solamente de visibilidad cultural o de prestigio, sino de generación concreta de puestos de trabajo cualificados: técnicos especializados, operadores de cámara, profesionales creativos, además de toda la industria auxiliar de servicios logísticos y de hostelería que gira en torno a las producciones. Es una economía que requiere competencias, que paga mejor, que ofrece perspectivas de crecimiento profesional. Respecto al turismo tradicional, el audiovisual representa una oportunidad para crear empleo menos estacional y más cualificado, contribuyendo a la diversificación económica tan ansiada por las instituciones locales.
Pero la cultura está cambiando también el rostro del turismo mismo. Los datos sobre el sentimiento de los visitantes muestran una evolución significativa en sus preferencias. Crece el interés por experiencias culturales auténticas, por los festivales locales, por la identidad específica de cada isla, por el patrimonio histórico y artístico. El clásico modelo "sol y playa" ya no es suficiente para un número creciente de viajeros, que buscan conexiones más profundas con los territorios que visitan. Esta tendencia, confirmada por los estudios de mercado del sector turístico español, representa una oportunidad extraordinaria para valorizar las especificidades culturales de cada isla del archipiélago. Festivales musicales, eventos artísticos, museos y espacios culturales ya no son simples atracciones turísticas, sino que se convierten en verdaderos motores de desarrollo territorial, capaces de desestacionalizar los flujos y atraer un público más atento y respetuoso con el territorio.

