Un paisaje irreconocible
Si ha visitado Lanzarote o Fuerteventura en el último año, sabe bien lo que significa caminar sobre tierras de lava negra y arena dorada. Son las islas más áridas de todo el archipiélago canario, con una media de apenas 100 mm de precipitación anual y meses enteros sin una gota de lluvia. Sin embargo, desde noviembre de 2025 en adelante, el paisaje ha cambiado de manera sorprendente.
Según los datos del programa europeo Copernicus, las precipitaciones en Lanzarote y Fuerteventura han superado los niveles históricos a partir de mediados de diciembre de 2025. Las colinas, los valles e incluso las laderas de los volcanes, normalmente ocres y dorados, se han cubierto de un manto verde intenso. No se trata de un espejismo: es el resultado de semanas consecutivas de lluvias constantes y penetrantes.
¿Por qué ha sucedido esto?
Las perturbaciones atlánticas que han azotado al archipiélago a partir de mediados de noviembre de 2025 han descargado agua con una regularidad casi inusitada. No se han tratado de tormentas destructivas, sino de lluvias prolongadas y difusas, capaces de saturar terrenos que normalmente permanecen secos durante meses. Las zonas como Mosaga, Tiagua y los valles alrededor de Teguise han mostrado un renacimiento de la vegetación espontánea que ha sorprendido a residentes, turistas e investigadores.
Los meteorólogos locales prevén que esta tendencia hacia un invierno más generoso de precipitaciones podría continuar hasta principios de 2026.
Un efecto doble en el territorio
El fenómeno no es solo un botín visual. Desde el punto de vista ecológico, las lluvias favorecen la biodiversidad y contribuyen a la recarga parcial de los acuíferos: un recurso crítico en islas que dependen en gran medida de la desalinización para el abastecimiento hídrico. Las especies adaptadas a largos periodos de sequía han respondido rápidamente, con florecimentos improvvistos que han colorado paisajes normalmente áridos.
Pero también existe un lado crítico. La intensidad de las precipitaciones ha causado episodios de inundación en diversas áreas urbanas. Las infraestructuras de las islas, diseñadas para un clima árido, no siempre están equipadas para gestionar volúmenes de agua elevados: los sistemas de drenaje se ponen a prueba, y el riesgo de erosión del suelo sigue siendo significativo. En 2025, las autoridades canarias han activado más de una vez el plan de emergencia PEINCA precisamente por esta situación.
¿Qué significa para el futuro?
Para agricultores y residentes se trata de una oportunidad temporal: la posibilidad de aprovechar tierras que de otro modo serían inutilizables, al menos en el corto plazo. Pero es también una señal concreta de cómo el cambio climático está alterando los patrones meteorológicos incluso en Canarias, haciendo el clima menos predecible y más extremo. Los expertos que observan el fenómeno ven en él una señal de alarma sobre la necesidad de repensar la gestión de los recursos hídricos y la planificación de las infraestructuras en las islas orientales del archipiélago.

