En los últimos meses, y en particular a comienzos de 2026, la música latina se ha consolidado como uno de los motores de atracción turística más poderosos a nivel global. No se trata únicamente de conciertos o listas internacionales, sino de un verdadero fenómeno cultural capaz de redefinir la forma de viajar. Artistas como Bad Bunny y Karol G han contribuido a convertir ciudades y territorios en símbolos de un estilo de vida, una lengua y una identidad que hoy millones de viajeros desean vivir en primera persona.
De la música a la experiencia de viaje
En el mes de febrero, los datos del sector muestran cómo Puerto Rico se ha convertido en uno de los destinos culturales más buscados en los mercados norteamericano y europeo. San Juan ya no es únicamente un destino de playa, sino un centro creativo donde la música urbana, el arte callejero y la gastronomía se fusionan en una oferta auténtica. Todo esto ha sido posible, en gran medida, gracias a un evento sin precedentes en la historia de la isla: la residencia "No Me Quiero Ir de Aquí", con la que Bad Bunny ofreció 31 conciertos en el Coliseo José Miguel Agrelot de San Juan entre el 11 de julio y el 20 de septiembre de 2025.
Nunca antes había ocurrido algo así: ningún artista había concebido una residencia de esta envergadura fuera de Las Vegas, y ninguno lo había hecho en su propio país de origen. Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre real del rapero puertorriqueño, decidió limitar el precio de las entradas a un máximo de 35 dólares, reservar las primeras nueve fechas exclusivamente para los residentes de la isla y encomendar toda la producción de los shows a trabajadores locales. El resultado fue extraordinario: 460.000 entradas vendidas en las 30 fechas abiertas al público, con más de 250.000 personas llegadas del extranjero específicamente para los conciertos. El impacto económico en la isla fue calculado en 500 millones de dólares por Jorge Pérez, CEO de Discover Puerto Rico: un resultado aún más significativo si se tiene en cuenta que Puerto Rico seguía trabajando en su plena recuperación tras los años marcados por el huracán María en 2017 y la pandemia.
El eco de aquella residencia resonó hasta el 8 de febrero de 2026, cuando Bad Bunny subió al escenario más grande del mundo: el show de medio tiempo del Super Bowl LX, en el Levi's Stadium de Santa Clara, ante una audiencia televisiva de cientos de millones de personas. El espectáculo retomó la escenografía de la residencia puertorriqueña —la casita, los cañaverales, los jíbaros— transformando el evento deportivo más popular de Estados Unidos en una declaración de identidad cultural latinoamericana. En el escenario también estuvieron Karol G, Cardi B, Ricky Martin y Pedro Pascal.
México: capital cultural de América Latina
México, y en particular Ciudad de México, continúa reforzando su papel como capital cultural latinoamericana, acogiendo festivales musicales, eventos interdisciplinarios e itinerarios urbanos vinculados a la escena musical contemporánea. Los números hablan con claridad. La Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de la capital ha calculado que los conciertos de Bad Bunny en el Estadio GNP (ocho fechas entre diciembre de 2025 y febrero de 2026) generaron un impacto económico de 3.228 millones de pesos mexicanos, aproximadamente 187 millones de dólares. "Fue un fenómeno sin duda alguna", declaró el presidente de la Canaco CDMX, Vicente Gutiérrez Camposeco: "Tuvimos participantes de 77 países, que viajaron a Ciudad de México expresamente para los conciertos."
Pero el caso de Bad Bunny no es aislado. También en Ciudad de México, Shakira cerró el 2025 con una serie de 12 conciertos que produjeron un impacto aún mayor: 4.377 millones de pesos, unos 253 millones de dólares. Lady Gaga, Dua Lipa y Oasis completaron un calendario de eventos que ha transformado la ciudad en un destino musical de élite a nivel mundial. En FITUR 2026, la principal feria internacional de turismo, México se presentó como País Socio con más de 45 millones de visitantes internacionales registrados en 2025, promoviendo el Tren Maya y nuevos circuitos que combinan cultura indígena, gastronomía y arqueología en Chichén Itzá, Teotihuacán y Monte Albán.
Colombia: turismo identitario y narrativa positiva
Colombia, con Medellín y Bogotá, representa uno de los ejemplos más interesantes de turismo cultural regenerativo. Aquí la música se convierte en instrumento de narración, reivindicación y promoción internacional, atrayendo a viajeros interesados no solo en el entretenimiento, sino en la comprensión profunda del territorio. Karol G ya había anticipado este modelo con sus dos conciertos en Medellín en diciembre de 2023, que generaron aproximadamente 11 millones de dólares de impacto económico local. En enero de 2026, la gira mundial de Bad Bunny hizo escala en el Estadio Atanasio Girardot —el mismo escenario donde Karol G había escrito su historia— con fechas que confirmaron a Medellín como polo de atracción internacional ligado a la escena musical latina contemporánea.
Lo que emerge de estos casos es un turismo motivado no por el sol o la playa, sino por la pertenencia cultural, la lengua, el deseo de formar parte de algo que está redefiniendo los límites de la identidad latina en el mundo. Los Grammy de 2026 sellaron esta narrativa: Bad Bunny ganó tres premios, entre ellos Álbum del Año con "Debí Tirar Más Fotos", la primera vez en la historia que un álbum íntegramente en español conquista la categoría más prestigiosa de los Grammy. El rapero puertorriqueño ya era el artista más escuchado en Spotify en 2025, con 107 millones de seguidores en la plataforma.
Una tendencia que mira al futuro
Este fenómeno demuestra que el turismo del futuro será cada vez más emocional, narrativo y cultural. La música latina no solo acompaña el viaje: lo inspira. Y es precisamente en esta conexión entre arte y lugar donde se construyen los destinos más fuertes y reconocibles del presente. La gira global "Debí Tirar Más Fotos", iniciada en noviembre de 2025 en Santo Domingo, concluirá en julio de 2026 en Bruselas, recorriendo las principales ciudades latinoamericanas y europeas, con fechas añadidas en Milán, Madrid, París, Londres y Lisboa, que testimonian cómo la ola de la latinidad es ya un fenómeno global, no solo continental.

