Biodiversidad en peligro: causas, consecuencias y por qué actuar ahora por el planeta

Scritto il 17/02/2026
da Redacción

Imaginemos un mundo sin abejas. Sin flores polinizadas, sin frutos en los árboles, con los estantes de los supermercados cada vez más vacíos. Parece una hipótesis de ciencia ficción, y sin embargo es una de las proyecciones concretas que los científicos consideran si no se detiene la actual tasa de extinción de especies. La pérdida de biodiversidad no es un problema abstracto que afecta a alguna especie exótica lejana: es una crisis silenciosa que está erosionando los mismos cimientos sobre los que se sostiene la civilización humana.

Qué es la biodiversidad y por qué importa

La biodiversidad es mucho más que un simple catálogo de especies animales y vegetales. Es la extraordinaria e intrincada red de relaciones que conecta a cada organismo vivo con los demás y con el entorno que habita. Incluye la diversidad genética dentro de cada especie, la variedad de especies y la diversidad de ecosistemas: desde las selvas tropicales hasta las praderas alpinas, desde los fondos oceánicos hasta los humedales costeros.

Cada ecosistema cumple funciones fundamentales para la vida en el planeta. Los bosques regulan el ciclo del agua, estabilizan el clima local, absorben CO₂ y producen oxígeno. Los océanos, que cubren más del 70% de la superficie terrestre, absorben aproximadamente una cuarta parte de todo el dióxido de carbono emitido por los seres humanos y son fuente de sustento para más de tres mil millones de personas. Los humedales filtran aguas contaminadas, mitigan inundaciones y albergan una concentración excepcional de vida. Cuando uno de estos sistemas se resquebraja, las repercusiones se propagan como ondas en un estanque, a menudo de formas impredecibles.

Según el Informe IPBES de 2019, alrededor de un millón de especies animales y vegetales están actualmente en riesgo de extinción, muchas de ellas en pocas décadas. Es la sexta gran extinción masiva en la historia del planeta, la primera causada por la actividad de una sola especie: el Homo sapiens.

Las causas: un sistema de presiones interconectadas

Las amenazas a la biodiversidad no actúan de manera aislada. Se trata de un sistema de presiones que se refuerzan mutuamente, lo que hace que la crisis sea aún más difícil de afrontar.

Destrucción de hábitats
La principal causa de la pérdida de biodiversidad sigue siendo la destrucción y fragmentación de los hábitats naturales. Cada año se talan millones de hectáreas de bosque tropical, se drenan humedales y se urbanizan suelos agrícolas. La expansión urbana, la agricultura intensiva y el desarrollo de infraestructuras transforman paisajes complejos y ricos en vida en entornos simplificados, incapaces de sostener la misma diversidad biológica.

Cambio climático
El calentamiento global actúa como multiplicador de otras amenazas. El desplazamiento de las zonas climáticas obliga a las especies a migrar hacia el norte o hacia mayores altitudes, a menudo más rápido de lo que pueden adaptarse. El blanqueamiento de los corales, el deshielo de los glaciares árticos y las sequías cada vez más intensas son señales de un sistema planetario bajo creciente presión.

Contaminación y especies invasoras
La contaminación química —desde pesticidas en aguas subterráneas hasta plásticos en los océanos— afecta cadenas alimentarias enteras. Paralelamente, las especies invasoras introducidas por el ser humano (a menudo de forma involuntaria) en nuevos ecosistemas compiten con las especies autóctonas, con efectos frecuentemente devastadores.

El valor económico de la naturaleza: más allá de la retórica

A menudo la protección de la biodiversidad se percibe como un conflicto con los intereses económicos. En realidad, la economía depende profundamente de los servicios ecosistémicos, muchos de los cuales son difíciles de cuantificar pero esenciales. La polinización realizada por abejas silvestres vale más de 150 mil millones de dólares al año a nivel mundial. La pesca proporciona proteínas a miles de millones de personas y emplea a decenas de millones de trabajadores. Las plantas medicinales son la base de más del 50% de los medicamentos en uso.

Una economía que destruye el capital natural del que depende está erosionando sus propios cimientos. La verdadera pregunta no es si podemos permitirnos proteger la naturaleza, sino si podemos permitirnos no hacerlo.

Acciones concretas: de los tratados globales a las decisiones cotidianas

La buena noticia es que sabemos qué hacer. El problema es la velocidad y la escala de acción necesarias. A nivel global, el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal (2022) ha establecido objetivos ambiciosos: proteger el 30% de las tierras y océanos para 2030, reducir los subsidios perjudiciales para la biodiversidad en al menos 500 mil millones de dólares al año y movilizar 200 mil millones de financiación anual para la naturaleza.

A nivel local, la creación y gestión eficaz de áreas protegidas sigue siendo una herramienta insustituible. Pero no basta con delimitar reservas naturales: es necesario restaurar ecosistemas degradados, crear corredores ecológicos que conecten hábitats fragmentados e integrar la biodiversidad en políticas agrícolas, urbanísticas e infraestructurales.

Y luego están las decisiones individuales. Reducir el consumo de carne, priorizar productos de bajo impacto ambiental, evitar especies exóticas en la jardinería doméstica, elegir materiales no plásticos: cada acción, multiplicada por miles de millones de personas, se convierte en una fuerza transformadora.

Somos parte de la red

La biodiversidad no es algo que exista “allá afuera”, en lugares remotos e intactos. Estamos inmersos en ella, dependemos biológica y evolutivamente de ella. Proteger los ecosistemas significa proteger la calidad del aire que respiramos, del agua que bebemos y de los alimentos que consumimos. Significa preservar la resiliencia del sistema Tierra frente a futuras crisis.

El tiempo apremia. Pero el ejemplo de ecosistemas que se han recuperado, de especies que han regresado del borde de la extinción y de comunidades locales que han transformado su relación con el territorio nos recuerda que la naturaleza es extraordinariamente resiliente, siempre que le demos la oportunidad de serlo.