El regreso de la lógica de la fortaleza
En las últimas décadas, la globalización ha representado el paradigma dominante de la economía internacional: mercados integrados, cadenas de suministro transnacionales, libre flujo de capitales e información. Sin embargo, a partir de mediados de la década de 2010, y con una aceleración decidida en el bienio 2025-2026, ese modelo ha entrado en crisis profunda. El Foro Económico Mundial de Davos, que se inaugura a principios de 2026, acoge por primera vez la voz abiertamente conflictiva del presidente estadounidense Donald Trump: «America First» no es solo un eslogan electoral, sino una doctrina económica que desafía los fundamentos del orden multilateral construido en la era de posguerra.
El debate entre apertura de mercados y protección de la industria doméstica no es nuevo: está inscrito en la historia del pensamiento económico, desde los proteccionistas hamiltonianos hasta los teóricos de la ventaja comparativa de Ricardo. Lo que distingue el contexto actual es la profundidad de la interdependencia global alcanzada, que hace que cualquier giro proteccionista sea estructuralmente más costoso que en siglos pasados.
La política arancelaria: contexto y dimensiones
El segundo mandato de Trump se abre con un plan ambicioso: aranceles universales de entre el 10% y el 20% sobre todas las importaciones, con tasas de hasta el 60% sobre los bienes chinos. Con respecto a la Unión Europea, las tensiones comerciales se agravan aún más: nuevos aranceles y la insistente reivindicación sobre la anexión de Groenlandia se convierten, según el primer ministro canadiense Mark Carney, en la señal de que «la globalización está colapsando, porque los instrumentos económicos se transforman en armas en manos de las superpotencias».
Desde el punto de vista macroeconómico, las estimaciones del BCE indican que un aumento de los aranceles estadounidenses al 20%, acompañado de contramedidas europeas, comprimirá el crecimiento del PIB de la eurozona al 0,7% en 2026, frente al 1,1% previsto en un escenario de aranceles moderados. La inflación en la zona euro se espera en el 1,5% en 2026, manteniéndose por debajo del objetivo del BCE. A nivel global, JPMorgan estima el riesgo de recesión en un 50%, con repercusiones particularmente severas para los países más expuestos a las cadenas de suministro internacionales.
«El proteccionismo en 2026 es más agresivo, más peligroso y es sin duda más costoso que el de siglos pasados, porque hoy impacta en mercados comerciales y bursátiles extremadamente interconectados.» — Questionecivile.it, mayo 2025
La fragmentación del multilateralismo
El uso bilateral y estratégico de los aranceles mina la legitimidad de las instituciones multilaterales, en primer lugar la OMC. La regionalización de las cadenas de valor, ya en curso antes del giro Trump, se acelera bruscamente. Las empresas, en su intento de sortear los costes arancelarios y la inestabilidad geopolítica, tienden a rediseñar sus cadenas de suministro según lógicas de proximidad geográfica y afinidad política (friendshoring). El resultado es una reducción de la eficiencia productiva global y un abandono de la lógica de la ventaja comparativa en favor de una política industrial «de defensa».
El profesor Andrea Colli (Bocconi) subraya cómo Trump hace referencia a un período histórico, la Gilded Age estadounidense (1870-1913), en el que aranceles muy elevados contribuyeron al ascenso industrial norteamericano, obviando sin embargo los factores reales de ese éxito: el enorme flujo de mano de obra barata y el capital extranjero disponible. Hoy el nivel de integración de los mercados es tal que hace anacrónico ese modelo.
Europa entre resistencia y adaptación
La Unión Europea se encuentra en una posición asimétrica: su estructura de gobernanza hace compleja una respuesta rápida y unitaria. Macron ha acusado a Trump de querer «una Europa vasalla», mientras que Draghi ha reiterado la necesidad de reforzar la autonomía estratégica del continente. Las políticas de reshoring y de desarrollo de cadenas tecnológicas independientes (en semiconductores, energía e inteligencia artificial) representan hoy las principales palancas de resiliencia disponibles.
Mientras tanto, el débil crecimiento esperado para 2026 (en torno al 2,5% global, los niveles más bajos desde 2009 excluida la pandemia) impone a los bancos centrales decisiones difíciles: contener la inflación generada por los aranceles o sostener la demanda interna. La Fed y el BCE se encuentran en un contexto de política fiscal más expansiva por parte de los gobiernos, lo que complica el control de la inflación a medio plazo.
¿Hacia una nueva arquitectura comercial?
El debate entre globalización y proteccionismo no está destinado a resolverse de forma nítida. La tendencia más probable es la de una globalización selectiva: apertura con los países aliados y restricción con los rivales estratégicos. En este escenario, la gobernanza comercial internacional deberá reinventarse, desarrollando mecanismos capaces de gestionar la coexistencia entre interdependencia económica y rivalidad geopolítica. Lo que está en juego es elevado: la estabilidad del sistema financiero global, la prosperidad de los países más vulnerables y la propia cohesión de las alianzas occidentales dependen de la capacidad de construir un nuevo equilibrio entre interés nacional y cooperación internacional.

