Salud global y mental: los desafíos de 2025 entre la OMS y las crisis locales en Canarias

Scritto il 24/02/2026
da Redacción

La salud es un bien universal, pero no está distribuida de manera equitativa. Esta es una de las grandes contradicciones de nuestro tiempo: vivimos en la era de la medicina más avanzada de la historia y, sin embargo, miles de millones de personas no tienen acceso a una atención sanitaria adecuada. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo reafirma con fuerza en sus llamados más recientes: reforzar la preparación ante emergencias sanitarias y mejorar la cooperación internacional ya no es una opción, sino una necesidad urgente.

Las crisis de los últimos años, desde la pandemia de COVID-19 hasta las emergencias climáticas, pasando por los conflictos armados y las oleadas migratorias, han dejado al descubierto la fragilidad de los sistemas sanitarios globales. Sistemas que, a menudo, funcionan bien en condiciones normales, pero se muestran inadecuados cuando realmente son puestos a prueba. La respuesta, según la OMS, debe ser global y coordinada: ningún país puede permitirse afrontar solo los desafíos sanitarios del siglo XXI.

La salud mental: la emergencia que no se ve

Entre todas las crisis sanitarias, la relacionada con la salud mental es quizá la más subestimada. Según los datos más recientes, más de mil millones de personas en el mundo conviven con trastornos mentales de diversa naturaleza: depresión, ansiedad, trastornos bipolares, psicosis, adicciones. Una cifra impresionante que equivale aproximadamente a una de cada ocho personas en el planeta.

Y, sin embargo, pese a su magnitud, la salud mental sigue recibiendo menos atención, menos recursos y menos visibilidad que otras patologías. En muchos países, el número de psicólogos y psiquiatras disponibles es dramáticamente insuficiente en relación con la demanda. El acceso a las terapias suele estar limitado por barreras económicas, culturales y geográficas. Además, el estigma social que aún rodea a los trastornos mentales impide que muchas personas pidan ayuda a tiempo.

La OMS insta a los Estados miembros a invertir de manera significativa en salud mental, integrando los servicios psicológicos en los sistemas sanitarios básicos, formando al personal médico y desarrollando campañas de información capaces de reducir los prejuicios.

La realidad de las Islas Canarias: un caso emblemático

Esta crisis global no permanece en el plano abstracto. Se refleja de forma concreta en las comunidades locales, en las familias y en la vida cotidiana de las personas. Un ejemplo emblemático es lo que está ocurriendo en las Islas Canarias, archipiélago español en el océano Atlántico, conocido por su clima templado, el turismo y su posición estratégica entre Europa y África.

En este contexto aparentemente privilegiado, un número creciente de profesionales de la salud denuncia lo que define como una auténtica “emergencia invisible”: la crisis del bienestar psicológico de la población local. Las causas son múltiples y están interconectadas. Los salarios medios en Canarias siguen siendo de los más bajos de España, mientras que los costes de la vivienda se han disparado en los últimos años, en parte debido a la presión turística que ha transformado amplios segmentos del mercado inmobiliario en alquileres vacacionales de corta duración. ¿El resultado? Una dificultad creciente para que los residentes encuentren viviendas asequibles, vivan con dignidad económica y puedan planificar su futuro.

A esto se suman una extendida incertidumbre laboral, las secuelas psicológicas del periodo pandémico y la percepción de haber sido relegados por un sistema que parece priorizar al turista sobre el ciudadano. En conjunto, estos factores crean un terreno fértil para el aumento de los trastornos de ansiedad, la depresión y el burnout.

Poner a la persona en el centro

La respuesta a estos desafíos no puede ser únicamente médica. Requiere un cambio cultural y político profundo: situar el bienestar de la persona —en su dimensión física, mental y social— en el centro de las decisiones públicas. Significa invertir en servicios de salud mental accesibles y gratuitos, construir políticas de vivienda justas, garantizar salarios dignos y reducir las desigualdades estructurales que alimentan el malestar psicológico.

La salud global y la salud local no son mundos separados. Son dos caras de la misma moneda. Comprender esta conexión es el primer paso para construir sistemas sanitarios —y sociedades— verdaderamente centrados en el ser humano.