En el período 2024-2026 el turismo internacional ha consolidado la recuperación iniciada tras la pandemia, aunque con diferencias relevantes entre regiones. En muchos países de la OCDE las llegadas internacionales han superado de forma estable los niveles de 2019, impulsadas por la demanda acumulada en los años anteriores y por la reapertura completa de los principales mercados asiáticos. Europa registró ya en 2024 flujos superiores al período prepandémico, mientras que Oriente Medio sigue mostrando un crecimiento especialmente dinámico gracias a las inversiones en infraestructuras turísticas y aeroportuarias. La región Asia-Pacífico, que en 2023 aún presentaba retraso, ha recuperado terreno progresivamente con el regreso de los viajeros chinos y japoneses y con la expansión de nuevas rutas aéreas intercontinentales. Según diversos análisis internacionales, para 2025 el turismo global habrá completado la recuperación respecto a 2019, con nuevas perspectivas de crecimiento impulsadas por mercados emergentes como India, el Sudeste Asiático y América Latina.
Los analistas señalan que la recuperación ha sido liderada principalmente por el turismo leisure, mientras que el turismo de negocios se ha recuperado más lentamente de lo previsto. Muchas empresas siguen manteniendo modelos de trabajo híbridos y utilizando herramientas digitales para las reuniones, reduciendo parte de los viajes corporativos tradicionales. A pesar de ello, el sector de los viajes de negocios ha mostrado señales de fortalecimiento entre 2024 y 2025, impulsado por el regreso de ferias, congresos y grandes eventos internacionales. Las principales economías, entre ellas Estados Unidos, China, Canadá y el Reino Unido, han registrado niveles de gasto turístico superiores a los prepandémicos, confirmando el papel de los grandes mercados maduros en el sostenimiento del crecimiento global del sector.
Un elemento cada vez más determinante es la sensibilidad a los precios. El aumento del coste de la vida, del transporte y de los servicios turísticos sigue influyendo en las decisiones de los viajeros, empujando a muchos a priorizar destinos más económicos o geográficamente cercanos. Por este motivo el turismo de corto radio (short-haul) sigue siendo dominante, con una fuerte demanda de vuelos regionales, conexiones ferroviarias de alta velocidad y cruceros costeros. Al mismo tiempo se observa una tendencia creciente hacia viajes más cortos pero más frecuentes a lo largo del año, a menudo combinados con experiencias locales o estancias en destinos menos masificados. Las aerolíneas de bajo coste y los sistemas ferroviarios de alta velocidad se han beneficiado de esta transformación, ampliando la oferta e introduciendo modelos tarifarios más flexibles.
Otro factor estructural tiene que ver con las políticas climáticas y la transición hacia un turismo más sostenible. En Europa, la introducción gradual de nuevas regulaciones sobre combustibles y emisiones del transporte aéreo está incidiendo en el coste de los billetes. Las estimaciones indican que estas medidas podrían generar aumentos moderados en los precios de los vuelos y una racionalización de las rutas menos eficientes. Sin embargo, las investigaciones muestran que estas políticas no están reduciendo significativamente la demanda global de viajes, sino que están incentivando comportamientos distintos: mayor elección de trayectos directos, preferencia por viajes más largos pero menos frecuentes y creciente interés por opciones de viaje sostenibles. Paralelamente crece el segmento de los servicios premium y de las experiencias personalizadas, con una cuota de viajeros dispuesta a pagar más por comodidad, calidad y menor impacto ambiental.

