Los últimos dos años han marcado fuertes turbulencias en los mercados energéticos. En diciembre de 2024 el índice de precios de producción de energía en la UE se situaba un +80,3% respecto a enero de 2021, reflejando el disparo motivado por la reducción de los suministros rusos y el encarecimiento del gas. Desde finales de 2024, los precios se han estabilizado parcialmente: Eurostat indica una ligera caída anual (electricidad y gas doméstico -0,4% interanual a finales de 2024). No obstante, los niveles siguen siendo elevados, con la consiguiente presión inflacionaria sobre el transporte y los costes industriales.
El mercado del gas es decisivo para la inflación europea. La AIE prevé un crecimiento de la demanda en 2025 (con picos invernales por calefacción) pero una oferta que debería aumentar gracias al GNL. Europa está incrementando sus importaciones de GNL un +25% en 2025 (aproximadamente +33.000 millones de m³), compensando la caída del gasoducto ruso. Gran parte de este GNL proviene de EE.UU., Qatar y África. Las autoridades energéticas nacionales (p. ej. ARERA en Italia, Ofgem en el Reino Unido) subrayan la importancia de nuevas terminales de GNL y de una mejor gestión estratégica de las reservas.
Los suministros adicionales y la reducción de las restricciones pospandémicas han provocado que en el primer semestre de 2025 los precios mayoristas (índice de referencia TTF europeo) bajaran ligeramente respecto al pico de 2022. Pero los analistas advierten: las tensiones geopolíticas (incluida la guerra entre Israel e Irán) pueden invertir la tendencia. La UE, a través del comisario Dombrovskis, ya ha advertido de que los conflictos en Oriente Medio impulsan al alza los precios globales del petróleo y del gas, con repercusiones en los precios finales.
En el frente de las fuentes renovables, Europa continúa avanzando, aunque no siempre al ritmo necesario. En 2024 la cuota de energía renovable en el consumo final de la UE creció hasta el 25,2% (frente al 24,5% de 2023), un avance de 0,7 puntos porcentuales. Las renovables eléctricas (eólica, solar, hidroeléctrica) han sido las principales contribuidoras. Sin embargo, para alcanzar el objetivo vinculante del 42,5% para 2030 será necesario mantener o acelerar esta tendencia anual. Una limitación actual es la dependencia residual de los combustibles fósiles: muchas centrales de carbón (siempre costosas y contaminantes) y de gas siguen operando a pleno rendimiento. El regulador europeo ha pedido que se favorezca la energía verde con mecanismos de incentivo más agresivos, especialmente en los países con baja penetración solar.
Políticas de la UE y carbon pricing: la Unión Europea está completando su paquete Fit-for-55: desde 2024 el ETS abarca cada vez más sectores y el impuesto sobre los derechos de carbono ha empujado los precios hasta ~90 €/tCO₂ (que luego cayeron por debajo de 70 €/t en 2026). Además del ETS sobre combustibles pesados, se debate la extensión del ETS al transporte por carretera y al sector marítimo. Estos instrumentos mantienen elevados los incentivos para descarbonizar, pero aumentan los costes para empresas y consumidores. Por ejemplo, la movilidad por carretera y marítima ya registra encarecimientos en los combustibles. Se prevé que a corto plazo los gobiernos utilicen los ingresos del carbon pricing para apoyar la transición: por ejemplo, destinando parte de los beneficios del ETS a proyectos de energías renovables o a la compensación de los hogares más vulnerables.
Precios al consumidor: el efecto directo de estas dinámicas es visible en las facturas. Eurostat señala que en el primer semestre de 2025 el precio del gas natural para los hogares bajó de media un -8,1% respecto a finales de 2024, pero sigue entre los más altos de la UE (en Italia era el 4.º más elevado, aproximadamente 12,40 €/100 kWh, impuestos e IVA incluidos). En muchos países el peso de los impuestos en el precio final ha aumentado (p. ej. del 30,0% al 31,1% de media en la UE), complicando aún más la dependencia fiscal energética. El componente eléctrico ha seguido una evolución similar, con un aumento acumulado del +70-80% desde 2021 hasta finales de 2024. Los expertos subrayan que la depreciación del euro y nuevas perturbaciones (p. ej. conflictos geopolíticos) pueden hacer subir temporalmente los precios.

