El conflicto en Oriente Medio no solo ha sacudido los mercados financieros y disparado el precio del petróleo. Según Kunjal Gala, responsable de mercados emergentes globales de Federated Hermes, sus consecuencias van mucho más allá de lo inmediato: estamos ante un punto de inflexión que va a redefinir las prioridades energéticas de decenas de países durante los próximos años. Para las Islas Canarias, que aspiran a liderar la transición energética en su región, este análisis llega en un momento especialmente oportuno.
El choque asimétrico: no todos sufren igual
Una de las claves del análisis de Federated Hermes es la profunda asimetría con la que este conflicto afecta a las distintas regiones del mundo. Estados Unidos, exportador neto de energía, ha notado el impacto de forma relativamente moderada. El panorama es radicalmente distinto en Asia: aproximadamente el 80% del petróleo y el gas que transita por el Estrecho de Ormuz tiene como destino final el continente asiático. Países como Japón, Corea del Sur, India o Filipinas —con reservas energéticas limitadas y una altísima dependencia de las importaciones del Golfo— han sufrido un verdadero shock, especialmente en lo que respecta al gas natural.
Este dato no es solo una estadística geopolítica. Es el motor que está empujando a muchos gobiernos a replantearse de raíz su modelo energético. Cuando la dependencia de un único corredor marítimo pone en riesgo el suministro de toda una economía, la diversificación deja de ser una opción y se convierte en una necesidad urgente.
El nuevo imperativo: independencia energética
Federated Hermes prevé que el conflicto acelere de forma significativa la adopción de fuentes energéticas alternativas en los mercados emergentes. La energía nuclear y las renovables —solar, eólica, hidráulica— serán las principales beneficiarias de esta reorientación estratégica, a medida que los gobiernos busquen reducir su exposición a los flujos de hidrocarburos y a la volatilidad geopolítica que los acompaña.
No se trata de un cambio gradual. La lógica que lo impulsa es la del seguro: nadie quiere depender de un suministro que puede cortarse de golpe si estalla un nuevo conflicto en una región inestable. En este sentido, el análisis de Gala identifica tres grandes consecuencias estructurales del conflicto: una ruptura del statu quo geopolítico en Oriente Medio, un cambio en las prioridades globales de seguridad energética, y un debilitamiento adicional de la competitividad industrial en las regiones más expuestas a los choques energéticos.
Canarias: bien posicionada si acelera el paso
Para las Islas Canarias, este nuevo escenario global actúa como un catalizador externo que refuerza lo que ya era una apuesta estratégica local: la transición hacia un modelo energético basado en las renovables.
El archipiélago cuenta con condiciones naturales excepcionales —irradiación solar constante durante todo el año, vientos alisios regulares, entorno marino apto para la energía undimotriz— que lo convierten en uno de los territorios europeos con mayor potencial renovable per cápita. Sin embargo, ese potencial sigue siendo en gran medida una promesa pendiente de materializar.
El conflicto de Oriente Medio y sus efectos sobre el precio de la energía son un recordatorio de lo que está en juego. Cada año que las Canarias prolongan su dependencia de los combustibles fósiles importados es un año de vulnerabilidad innecesaria: facturas energéticas más altas para los hogares, mayores costes operativos para las empresas turísticas y pesqueras, y menor competitividad frente a destinos y economías que ya han avanzado más en la transición energética.
La buena noticia es que el momento no podría ser más propicio para actuar. El contexto internacional —con capitales buscando activos renovables seguros y estables, y con una demanda creciente de infraestructura energética limpia— abre una ventana de financiación que las instituciones y empresas canarias harían bien en aprovechar sin demora.
El riesgo de quedarse atrás
Federated Hermes advierte también de una consecuencia que conviene no ignorar: el debilitamiento de la competitividad industrial en las regiones más vulnerables a los choques energéticos. Aunque Canarias no es una economía industrial en sentido clásico, el paralelismo es válido para su sector turístico y de servicios. Una economía cara en términos energéticos es una economía menos atractiva para invertir, para instalarse y para visitar.
Si los competidores de Canarias —otros destinos turísticos del Mediterráneo y del Atlántico— avanzan más rápido en la autosuficiencia energética, el diferencial de costes acabará trasladándose a los precios y, en última instancia, a la cuota de mercado.
Conclusión: la crisis como oportunidad
Los grandes conflictos geopolíticos suelen actuar como aceleradores de tendencias que ya estaban en marcha. El de Oriente Medio no es una excepción: está comprimiendo en meses lo que de otro modo habría llevado años en términos de reorientación energética global.
Para Canarias, la encrucijada que describe Federated Hermes es también la propia: seguir dependiendo de un sistema energético frágil y costoso, o apostar con decisión por la autosuficiencia renovable que la geografía ya le ha regalado. La respuesta parece evidente. La urgencia, también.

