El Hierro abrió el camino con la primera instalación del archipiélago. Mientras en Europa el sector atraviesa una transformación normativa crucial, las islas se postulan como un laboratorio de excelencia para la doble producción: energía limpia y agricultura en el mismo suelo.
Las Islas Canarias se encuentran en plena transición energética, que en los últimos años se ha acelerado más allá de cualquier previsión. En 2024 el archipiélago alcanzó su máximo histórico: el 21,2 % del mix energético provino de fuentes renovables, con un crecimiento del 7,1 % respecto al año anterior. El Hierro, la isla más pequeña, logró la autosuficiencia energética gracias a eólica, hidroeléctrica y fotovoltaica. La Gomera ya lo había conseguido en 2020. Gran Canaria y Tenerife lideran la transición a mayor escala.
Sin embargo, se está escribiendo un nuevo capítulo, todavía poco conocido por el gran público: la agrovoltaica. La primera instalación del archipiélago, en El Hierro, ya no es un proyecto futuro; es una realidad en fase de puesta en marcha.
¿Qué es la agrovoltaica?
El término designa una tecnología que integra paneles solares y actividad agrícola sobre el mismo terreno, simultáneamente. No se trata de elegir entre alimentos y energía, sino de producir ambos en conjunto.
- Montaje: los paneles se instalan en estructuras elevadas, a menudo móviles y orientables, de modo que no comprometan los cultivos subyacentes.
- Ventajas del sombreado parcial: reduce la evaporación del agua, atenúa el estrés térmico en las horas más calurosas y protege los cultivos de granizo y viento.
Cultivos que se benefician de este microclima incluyen espinacas, cebollas, judías, calabacines, cítricos y muchas hortalizas.
El uso del suelo puede alcanzar una eficiencia estimada del 140 % respecto a un terreno dedicado exclusivamente a la agricultura o exclusivamente a la generación fotovoltaica, ofreciendo una respuesta concreta a la histórica tensión entre desarrollo energético y protección de la tierra.
El Hierro: el primer sitio agrovoltaico de Canarias
Cuando Endesa y el Ayuntamiento de El Hierro anunciaron el proyecto en 2023, se trataba de una visión a futuro. Hoy, a dos años de su nacimiento, la instalación está operativa.
- Componentes: 12 000 paneles solares distribuidos en 10 módulos independientes de 5 MW cada uno, complementados con un sistema de almacenamiento en baterías de 5 MW.
- Inversión: entre 10 y 15 millones de euros en la primera fase.
No se trata solo de una planta energética. El objetivo explícito es valorizar y transformar las actividades agrícolas y ganaderas tradicionales de la isla, generando una sinergia concreta entre el sector primario y la producción de energía renovable.
Se prevé una segunda fase de expansión, que añadirá 5 MW más de almacenamiento, y una visión a largo plazo que contempla la integración con la movilidad eléctrica y la creciente demanda que ello generará.
El Hierro cuenta ya con tres tecnologías de generación limpia – eólica, hidráulica y fotovoltaica – y tres sistemas de almacenamiento, con perspectivas de producir hidrógeno verde. Es un modelo de isla energéticamente autosuficiente y agrícola vibrante que, en estos meses, comienza a tomar forma concreta.
Un sector en rápida evolución normativa
El 2026 marca un punto de inflexión para la agrovoltaica europea también en el plano legislativo.
- Italia: el Decreto PNRR 2026 asigna más de 4 mil millones de euros a comunidades energéticas renovables, agrovoltaica y biometano. La Ley 4/2026 (conversión del DL 175/2025, en vigor desde el 15 de enero de 2026) redefine de manera orgánica las normas para estos sistemas. La agrovoltaica ya no se identifica solo por su configuración estructural, sino por su función: debe garantizar la continuidad de las actividades agrícolas y ganaderas, verificable mediante inspecciones quinquenales y una certificación de proyecto que demuestre el mantenimiento de al menos el 80 % de la producción bruta agrícola vendible.
Esta medida pone freno a proyectos meramente especulativos: las instalaciones que declaren una vocación agrícola sin mantenerla ya no podrán acceder a incentivos. La prioridad del suelo cultivado queda escrita en negro sobre blanco.
- España: el marco normativo sigue una trayectoria análoga, con una creciente atención a la calidad del proyecto y a la verdadera integración agrícola de las instalaciones. El proyecto de El Hierro, similar en planteamiento a la planta operativa de Carmona (Sevilla), se inscribe en esta línea.
Por qué Canarias es un laboratorio ideal
Las islas presentan desafíos energéticos particulares: aislamiento de la red continental, espacio limitado y ecosistemas frágiles que deben protegerse. En este contexto, la agrovoltaica ofrece una respuesta que no contrapone producción alimentaria y generación eléctrica, sino que las hace dialogar.
A diferencia de los grandes parques fotovoltaicos a ras de suelo, que ocupan terreno y alteran el paisaje, los sistemas agrovoltaicos bien diseñados mantienen activas las cosechas y pueden integrarse con tradiciones agrícolas locales: viñedos, papas arrugadas, huertos en terrazas o ganadería caprina.
Para los agricultores se abre también una diversificación de ingresos: la parte eléctrica genera rentas estables durante unas dos décadas, sin renunciar a la producción agrícola.
En un archipiélago donde la presión turística y la conservación ambiental son fuentes de tensión cotidiana, este equilibrio no es evidente. Pero precisamente esa complejidad convierte a Canarias en un contexto valioso: si el modelo funciona aquí, puede replicarse en cualquier otra parte.
La gobernanza como clave
No faltan los retos. La participación de las comunidades locales, la transparencia en la distribución de los beneficios económicos a los agricultores y el respeto a los ecosistemas insulares son condiciones indispensables para que esta tecnología se convierta en una herramienta de desarrollo sostenible y no en otra infraestructura importada.
La nueva normativa europea y española avanza en esa dirección: controles reales, garantías de producción agrícola y responsabilidad de los entes locales para verificar que lo prometido se cumpla a lo largo del tiempo. Es un paso adelante respecto a la época en que bastaba con declarar la intención agrícola para acceder a los subsidios.
Un archipiélago que se reinventa
El Hierro ya ha demostrado al mundo que una isla puede elegir un camino distinto. El proyecto agrovoltaico, hoy en marcha, se inserta en esa trayectoria con una promesa concreta: hacer que los campos sigan produciendo alimentos mientras el sol alimenta casas, escuelas y carreteras.
Si el modelo de El Hierro mantiene sus promesas —energéticas y agrícolas simultáneamente— podría convertirse en un referente no solo para el resto del archipiélago, sino para todos los territorios insulares y rurales de Europa que buscan conciliar soberanía alimentaria, autonomía energética y protección del paisaje.
Las Canarias, una vez más, se presentan como laboratorio del futuro. Y esta vez el futuro ya ha comenzado.

