En los últimos doce meses las autoridades canarias han intensificado las medidas para combatir el overtourism, un fenómeno que en 2025 alcanzó un pico del 23 por ciento más de visitantes de los que la capacidad de alojamiento estimada por el Consejo Insular de Turismo (CIT) podía absorber. El Plan de Regulación Turística 2026‑2032, aprobado por el Gobierno de Canarias el 8 de marzo 2026, establece cuotas diarias en zonas críticas a través del “Tourist Capacity Index” (TCI), que combina datos de ocupación hotelera y presión ambiental. Desde abril 2026 los ayuntamientos de Playa de Las Américas y Puerto de La Cruz han puesto en marcha el “Access Pass” digital, que limita el número de entradas diarias a las playas más concurridas, reduciendo la afluencia en un 18 por ciento durante los horarios pico, según el Observatorio de Turismo Sostenible (OTS) del ISTAT.
En paralelo, la movilidad eléctrica se ha convertido en una pieza clave de la estrategia verde. El proyecto “Canary Green Mobility”, financiado con 12 millones de euros por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FESR), instaló 850 puntos de recarga rápida en los principales núcleos turísticos antes de abril 2026, lo que supuso un aumento del 42 por ciento de la flota de autobuses eléctricos operada por la empresa pública Titsa. El Ministerio de Medio Ambiente también introdujo incentivos fiscales para el alquiler a corto plazo de vehículos eléctricos: los turistas que alquilen un coche EV durante más de tres días reciben un descuento del 15 por ciento sobre la tarifa base, con el objetivo de que el 30 por ciento del total de vehículos alquilados sea eléctrico para 2028.
La protección del medio ambiente ocupa el centro de las políticas de conservación. La “Blue‑Canary Initiative”, lanzada por el Departamento de Biodiversidad de Canarias (DBC) en enero 2026, amplió en un 25 por ciento las áreas marinas protegidas (MPA), pasando de 280 a 350 km². En particular, la zona de La Punta del Hidalgo se declaró “no‑take zone”, prohibiendo toda actividad pesquera y subacuática. Un estudio de la Universidad de Las Palmas (2026) confirmó que la biomasa coralina creció un 12 por ciento en los tres años posteriores a la restricción, reforzando la resiliencia del ecosistema frente a las olas de calor.
Playas y espacios naturales, eje de la atracción del archipiélago, se benefician de una gestión más responsable. El programa “Clean Beach 2026”, coordinado por la Agencia Portuaria de Tenerife, contempla la recogida diaria de plásticos mediante drones autónomos equipados con IA, que eliminaron 3 200 toneladas de desechos marinos en el primer trimestre. Además, el certificado “Eco‑Blue”, creado por el Ministerio de Turismo, reconoce a las instalaciones balnearias que emplean bio‑filtros para depurar aguas residuales, con más de 120 establecimientos certificados a mayo 2026.
Por último, las nuevas estrategias verdes de las islas buscan integrar economía circular y turismo responsable. El Fondo de Innovación Sostenible de Canarias, gestionado por la Caja de Ahorros de las Islas (CRI), destinó 8 millones de euros a proyectos de reutilización del gofio y de valorización de residuos orgánicos de la cadena pesquera, bajo el programa “Zero Waste Gastronomy”. Restaurantes como “Mar y Tierra” en Gran Canaria ya ofrecen menús a base de subproductos de pescado, reduciendo el desperdicio alimentario en un 35 por ciento. Según el informe “Sustainable Tourism Impact” de la Organización Mundial del Turismo (UNWTO) publicado en mayo 2026, las iniciativas canarias generaron un aumento del 4,6 por ciento en la satisfacción de los visitantes, demostrando que la protección ambiental y el crecimiento económico pueden avanzar juntos.

