Viento y fotones: la revolución silenciosa de la energía en Canarias

Scritto il 18/05/2026
da Redacción

No hace ruido, la revolución energética de Canarias. No tiene el estruendo de las grandes inauguraciones ni el espectáculo de las megaestructuras. Y sin embargo, en cada colina azotada por el viento, en cada tejado orientado al sur, en los polígonos que antes albergaban depósitos de combustible, algo está cambiando de manera irreversible. Los aerogeneradores giran. Los paneles solares acumulan fotones. Y un archipiélago que durante décadas quemó gasóleo importado empieza a producir su propia energía del sol y el viento que siempre lo han habitado.

La energía eólica tiene una larga historia en Canarias. Las primeras turbinas comerciales llegaron ya en los años ochenta, cuando el aislamiento geográfico hacía que cualquier alternativa a los combustibles fósiles fuera no solo deseable sino económicamente racional. Hoy el archipiélago alberga decenas de parques eólicos distribuidos por todas las islas mayores, con una potencia instalada que crece año tras año. Tenerife tiene sus filas de aerogeneradores en las laderas del Teide. Gran Canaria aprovecha los corredores de viento del norte de la isla. Lanzarote, plana y expuesta, está recorrida casi en su totalidad por los alisios que soplan sin obstáculos desde el océano.

La solar, en cambio, ha vivido una auténtica explosión en los últimos años, acelerada por la caída de los costes de los módulos fotovoltaicos y el impulso normativo del Gobierno español. Las grandes instalaciones en suelo se combinan con los sistemas distribuidos en viviendas y empresas: una red capilar de producción difusa que convierte cada superficie expuesta en un generador. En Canarias, la combinación de alta irradiación y terreno disponible crea algunas de las mejores condiciones de Europa para la fotovoltaica, especialmente en las zonas áridas de Fuerteventura y Lanzarote.

El verdadero reto no es producir energía renovable: es almacenarla. El sol y el viento son recursos intermitentes por definición. Cuando las turbinas producen demasiado, el exceso se pierde. Cuando el viento amaina y las nubes tapan los paneles, las viejas centrales de gasóleo deben entrar en funcionamiento para mantener estable la red. Para superar este límite, Canarias está invirtiendo en sistemas de nueva generación: baterías de litio a escala industrial, y soluciones más creativas como la ya ensayada en El Hierro, donde el agua se convierte en vector energético.

El papel del ITER de Tenerife es crucial en esta fase. El instituto — que depende del Gobierno regional y colabora con las principales redes europeas de investigación energética — lleva años experimentando con tecnologías de almacenamiento híbrido, redes inteligentes y sistemas de gestión de la energía a pequeña escala. Los resultados se transfieren luego a las utilities locales y a los municipios que quieren acelerar su transición. Es un modelo de innovación aplicada con pocos equivalentes en Europa: la necesidad ha generado competencia, y la competencia se ha convertido en ventaja competitiva duradera.

Según los datos más recientes de Red Eléctrica de España y las autoridades energéticas regionales, la penetración de las renovables en el archipiélago ha alcanzado niveles impensables hace apenas una década. El camino hacia 2040 es todavía largo, pero la dirección es clara: el sol y el viento, que durante siglos convirtieron a Canarias en encrucijada entre continentes, hoy se están convirtiendo en el combustible más valioso de su futuro.