Las autoridades canarias han confirmado, mediante el informe “Coastal Change 2025” de la Agencia Española de Protección Ambiental (APPA), que la pérdida de arena a lo largo de los bordes marítimos del archipiélago ha aumentado un 12 % en los últimos cinco años, pasando de 1 850 millones de metros cúbicos en 2020 a 2 080 millones en 2025. Este fenómeno se alimenta de tres factores principales: la subida del nivel medio del mar (+ 4 mm anuales según el Servicio Hidrográfico de Canarias), la intensificación de eventos lluviosos extremos registrados por la Agencia Estatal de Meteorología (un 18 % más de precipitaciones superiores a 100 mm al mes) y la presión humana sobre dunas y frentes marinos, especialmente por parte de infraestructuras turísticas y deportes acuáticos.
Para contrarrestar la erosión, el Consejo Insular aprobó en marzo 2026 un paquete de actuaciones de €210 millones, financiado en parte por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y el programa “Blue‑Growth” de la Unión Europea. El plan contempla la reconstrucción de 15 km de dunas artificiales mediante arena local tratada con biopolímeros a base de algas, tecnología certificada por el Laboratorio de Ingeniería Costera de la Universidad de Las Palmas. Los estudios preliminares del instituto indican que este método reduce la tasa de erosión hasta en un 85 % frente a los métodos tradicionales de suministro de arena transportada por mar.
Simultáneamente, se lanzó la “Red Verde Costera”, iniciativa conjunta de gobiernos locales, asociaciones medioambientales y operadores turísticos. El programa incentiva la plantación de 300 000 especies de Ammophila arenaria y Eryngium maritimum en 45 km de litoral, consolidando la vegetación autóctona que actúa como “amortiguador” dinámico contra la acción de las olas. El Ministerio de Agricultura, en su nota técnica de abril 2026, destinó 25 millones de euros en subvenciones para la producción de fertilizantes vegetales destinados a estos proyectos de cobertura.
Los resultados ya son visibles. Los datos del Sistema de Monitoreo de Playas (SMS) de la APPA, actualizados a mayo, muestran una disminución del 6 % en la pérdida neta de arena en cinco tramos piloto (Playa de Las Vistas, Playa de Güigüi, Playa de Maspalomas, Playa del Inglés y Playa de Los Lobos). La tasa media de reposición actualmente es de 0,8 m³ / m² año, frente a ‑0,3 m³ / m² año registrado en 2019.
¿Qué escenarios se perfilan para los próximos cinco años? Los investigadores del Centro de Investigación Oceanográfica de la Universidad de La Laguna, citados en la audiencia parlamentaria de junio 2026, plantean tres posibles evoluciones. En el caso optimista, la ampliación del proyecto de dunas artificiales a 30 km de costa, con plena participación del sector privado, reduciría la tasa de erosión total en un 70 % para 2031, preservando el valor turístico de las playas – estimado en €9 mil millones de facturación anual – y mejorando la resiliencia de las comunidades costeras de 1,2 millones de habitantes. En el caso intermedio, la implementación parcial de medidas de vegetación y reconstrucción de dunas (solo el 50 % de las zonas en riesgo) mantendría la tasa de pérdida actual pero con una pérdida neta reducida en un 30 % para 2030, evitando costes de restauración adicionales estimados en €350 millones. En el peor escenario, la falta de financiación europea y el aumento de la frecuencia de tormentas tropicales (proyecciones del IPCC 2025 indican un incremento medio de + 0,7 eventos al año) provocarían un “efecto dominó” de deslizamientos costeros, con una pérdida de arena superior al 15 % para 2029 y un impacto económico negativo de €1,1 mil millones, incluyendo daños a infraestructuras portuarias y a la red energética offshore.
El Gobierno canario insiste en el papel fundamental de la ciudadanía. La campaña “Guardianes de la Arena”, lanzada en julio 2025, ha involucrado a 120 mil residentes y turistas en actividades de limpieza y vigilancia mediante una aplicación móvil certificada por el Ministerio de la Transición Ecológica. Los primeros resultados indican una reducción del 22 % en residuos plásticos en 10 km de litoral, factor que, según los expertos, ayuda a limitar la fractura de las dunas.
En síntesis, la erosión costera constituye un reto multiforme que entrelaza cambios climáticos, presiones antropogénicas y fragilidad geológica. Las inversiones recientes, la cooperación entre el sector público y privado y la puesta en marcha de soluciones basadas en la naturaleza apuntan a una trayectoria hacia una gestión sostenible, aunque el desenlace final dependerá de la eficacia de las políticas de financiación, de la capacidad de adaptación de las comunidades locales y de la continuidad de los sistemas de monitoreo a largo plazo.

