La inteligencia artificial en el banquillo: el caso Getafe que está cambiando el fútbol europeo

Scritto il 12/06/2026
da Redacción

 

El Getafe ha conseguido la Conference League gracias a un sistema de IA que analiza rivales, monitoriza jugadores y sugiere decisiones en tiempo real. Un modelo que podría transformar el fútbol profesional.


Hay un equipo español que se ha clasificado para la Conference League con apenas 32 goles marcados en toda la temporada, uno de los peores ataques de La Liga, y que sin embargo cerró la clasificación en séptima posición. Si os dijera que detrás de esta hazaña está la inteligencia artificial, probablemente pensaríais en robots en el banquillo o en algoritmos eligiendo la alineación. No es nada de eso. Pero lo que ha hecho el Getafe de José Bordalás cuenta, quizás mejor que cualquier estudio académico, hacia dónde va el fútbol moderno y, en términos más amplios, hacia dónde va el deporte profesional en la era de la IA.

Los números son lo primero que llama la atención. Desde que el club madrileño integró el sistema de inteligencia artificial en su metodología de trabajo, la media de puntos pasó de 0,89 a 1,37 por partido. Una mejora superior al cincuenta por ciento que, en el contexto de una competición como La Liga, donde los márgenes entre equipos son mínimos, representa un salto cualitativo enorme. No es una coincidencia estadística. Es un dato estructural que se explica observando cómo el sistema se utiliza realmente en el día a día.

Tres días antes de cada partido, los futbolistas del Getafe reciben informes personalizados sobre los rivales. No documentos genéricos, sino análisis construidos a medida: dónde presiona el delantero al que tendrán que marcar, en qué zonas del campo sufre más el equipo rival, cómo cambian los comportamientos individuales y colectivos según el cansancio acumulado o el marcador. Información que antes requería horas de trabajo a los analistas de vídeo y que ahora se genera, filtra y presenta de forma legible en una fracción del tiempo.

Pero es durante el partido cuando el sistema muestra su dimensión más fascinante. En el banquillo del Getafe aparecen tres tabletas, cada una con una función precisa. La primera monitoriza los datos técnico-tácticos en tiempo real: presión, duelos ganados, intensidad de las transiciones. La segunda controla los parámetros físicos de los jugadores, señalando quién acumula fatiga y quién podría sufrir una bajada de rendimiento. La tercera muestra lo que internamente se llama panel de victoria: una serie de indicadores clave que el Getafe debe dominar para aumentar estadísticamente las probabilidades de obtener el resultado. No es una receta mágica, sino una brújula cuantitativa en un momento en que las decisiones deben tomarse en pocos segundos.

Es importante subrayar algo: la inteligencia artificial no se sentó en el banquillo en lugar de Bordalás. El entrenador valenciano, frecuentemente criticado por su fútbol muscular y defensivo, ha utilizado la tecnología como amplificador de sus propias intuiciones, no como sustituto. La IA detecta patrones invisibles al ojo humano, señala correlaciones que en los datos tradicionales se perderían y comprime los tiempos de decisión. Pero la lectura del partido, la gestión del vestuario y la elección del momento adecuado para realizar los cambios siguen siendo humanas.

El caso del Getafe no es un ejemplo aislado en el panorama europeo, pero es probablemente el más emblemático porque proviene de un equipo de posiciones medias-bajas, sin grandes presupuestos, que ha utilizado la tecnología como palanca competitiva. Y el resultado está ahí: Europa conquistada. Según fuentes internas del club, el objetivo para la temporada 2026-2027 es profundizar aún más en la integración del sistema, ampliando los análisis predictivos al mercado de fichajes y a la prevención de lesiones.

El fútbol está cambiando. No con robots ni con simulaciones de ciencia ficción. Sino con datos, previsiones y un cuerpo técnico que aprende a confiar en los algoritmos sin dejar de pensar. El Getafe, en este sentido, ya está en el futuro.