Durante años, cuando se hablaba de nómadas digitales en Canarias, la conversación se centraba casi automáticamente en Las Palmas de Gran Canaria, capital no oficial del trabajo remoto en el archipiélago. En 2026 ese mapa se está ampliando, y las señales llegan desde varias direcciones.
El caso más concreto es el de Work in Cholas, la red de espacios de coworking que en 2023 ya había abierto en La Minilla (Las Palmas) lo que se describe como la oficina flexible más grande de Canarias, con más de 2.500 metros cuadrados. El proyecto está ahora replicando el modelo en el sur de la isla: en El Tablero, municipio de San Bartolomé de Tirajana, se encuentra en fase de apertura Work in Cholas Maspalomas, un nuevo hub profesional que, según sus promotores, ya ha superado las expectativas de inversión y venta de espacios fijadas para 2026. El objetivo declarado es convertirse en un referente en una zona históricamente identificada con el turismo de sol y playa más que con el trabajo cualificado, combinando "la esencia canaria" con la innovación.
No es un caso aislado. En Las Palmas, el hotel Cristina by Tigotán ha lanzado Tigotán Hub Cowork & Sand, otro espacio —1.800 metros cuadrados— pensado exclusivamente para quienes trabajan en remoto, señal de que también el sector hotelero tradicional está reconvirtiendo parte de su oferta para captar a este público. Mientras tanto, la red Repeople, activa desde hace más de cinco años en el archipiélago, sigue gestionando ocho espacios de coliving entre Santa Cruz de Tenerife, Agaete y Las Palmas de Gran Canaria, además de dos espacios de coworking en Gran Canaria, confirmando un ecosistema ya maduro y diversificado.
Contribuyen al atractivo de Canarias varios factores estructurales: el visado español para nómadas digitales (en vigor desde enero de 2023, con un requisito de renta mensual para el solicitante principal fijado en 2026 en torno a 2.849 euros), un clima suave todo el año y un impuesto indirecto regional, el IGIC, que al 7% sigue siendo más bajo que el IVA aplicado en el resto de España. El Gobierno de Canarias, por su parte, ha reiterado en varias ocasiones su intención de reforzar la estrategia para atraer teletrabajadores internacionales, a los que considera un segmento capaz de generar ingresos desestacionalizados frente al turismo tradicional.
Quedan, por supuesto, los nudos ya señalados por residentes y observadores: la llegada de trabajadores remotos con salarios superiores a la media local alimenta el debate sobre el mercado inmobiliario y el riesgo de gentrificación en barrios como La Minilla, ya identificados como polos del coworking. No en vano, varias voces de la comunidad piden que el crecimiento de estos hubs vaya acompañado de inversión en vivienda asequible y servicios para los residentes de siempre, evitando que el auge del trabajo remoto reproduzca las mismas tensiones ya vividas con el turismo de masas.

