En el vacío no se suda: la carrera por enfriar los centros de datos que quieren ir a la órbita

Scritto il 03/08/2026
da Redacción

¿Cómo se enfría un ordenador cuando no hay aire ni agua? Ese es el problema técnico, tan sencillo de enunciar como radical en sus implicaciones, que está redefiniendo la carrera hacia los centros de datos espaciales. El 30 de julio de 2026, el California Institute of Technology (Caltech) y la startup Sophia Space anunciaron haber obtenido una patente para un sistema de refrigeración pensado para hacer posible, a principios de la década de 2030, el lanzamiento de centros de datos orbitales alimentados las 24 horas por energía solar. Sophia Space también ha captado una ronda semilla de 10 millones de dólares para demostrar su enfoque de gestión térmica, con una prueba en órbita prevista para finales de 2027.

El problema es tan sencillo de plantear como difícil de resolver: en el vacío del espacio no existe un medio fluido para disipar el calor, así que el único mecanismo disponible es la radiación térmica, es decir, la emisión de energía en forma de ondas infrarrojas. Es una restricción que crece de forma brutal con la carga computacional: por cada megavatio de potencia de cálculo se necesitan radiadores del orden de 1.200 metros cuadrados, una superficie enorme de gestionar en órbita.

No es un desafío aislado. Google ha anunciado el "Project Suncatcher", en colaboración con la empresa de observación satelital Planet, que prevé el lanzamiento de dos satélites equipados con sus chips de IA propios, los Tensor Processing Unit (TPU), a principios de 2027. Axiom Space, por su parte, ya lanzó los primeros nodos de un centro de datos orbital en enero de 2026. Según distintos análisis del sector, el periodo entre 2021 y 2024 se dedicó sobre todo a la exploración conceptual del problema, mientras que desde 2025 se ha pasado a una fase de validación en órbita de los sistemas de gestión térmica, considerados el verdadero cuello de botella para alcanzar la densidad computacional necesaria para sostener una inteligencia artificial basada en el espacio.

¿Por qué tanto interés en sacar los servidores de la atmósfera? La lógica es doble: por un lado, la energía solar en órbita está disponible de forma casi continua y sin las pérdidas que impone la atmósfera terrestre; por otro, trasladar al espacio parte de la demanda de cómputo de la inteligencia artificial podría aliviar la presión sobre las redes eléctricas y los recursos hídricos terrestres, un asunto cada vez más sensible a medida que los centros de datos en tierra multiplican su consumo energético e hídrico para la refrigeración.

Quedan, sin embargo, obstáculos enormes: los costes de lanzamiento, un mantenimiento imposible de realizar con la misma facilidad que en un centro de datos terrestre, y la propia física de la refrigeración, que exige estructuras de radiadores tan grandes como delicadas de desplegar y mantener en órbita. Por ahora, la de los centros de datos espaciales sigue siendo una apuesta a largo plazo más que una realidad operativa: pero con Caltech, Google y Axiom Space dando pasos concretos en el mismo periodo, 2026 se perfila como el año en que la idea empezó a salir de los laboratorios conceptuales para entrar en la fase de pruebas en órbita.