Si un vídeo parece real pero no lo es, ahora la IA debe decírtelo: la Ley de IA europea entra en su fase clave

Scritto il 04/08/2026
da Redacción

Desde hace unos días, si en Europa una empresa utiliza inteligencia artificial para generar un vídeo, una imagen o un texto que parecen reales, tiene la obligación de hacerlo reconocible como contenido artificial. Ya no es solo una recomendación ética: desde el 2 de agosto de 2026 es ley. Esa es la fecha en la que la Ley de IA europea (AI Act) entró en su fase de aplicación principal, activando la mayor parte de las obligaciones que hasta entonces existían solo sobre el papel.

El núcleo de la novedad son las reglas de transparencia previstas en el artículo 50 del reglamento. En resumen: las personas deben ser informadas, por regla general, cuando interactúan directamente con un sistema de inteligencia artificial, salvo que esto ya resulte evidente por el contexto. Los proveedores de sistemas que generan audio, imágenes, vídeo o texto sintéticos deben hacer que esos resultados sean identificables en un formato legible por máquina. Y quien difunda contenidos "deepfake" —imágenes o vídeos manipulados o generados artificialmente— debe declararlo de forma explícita.

No es el único nivel de obligaciones previsto por la Ley de IA, que ha entrado en vigor de forma escalonada desde 2024: las prohibiciones sobre determinadas prácticas consideradas inaceptables y las obligaciones de alfabetización en IA ya eran aplicables desde febrero de 2025; las reglas de gobernanza y las obligaciones para los modelos de IA de propósito general lo eran desde agosto de 2025. Con agosto de 2026 llega la fase más amplia: desde esta fecha se aplican también las obligaciones para los operadores de sistemas de IA de "alto riesgo" que ya estuvieran en uso antes de este plazo, además de las reglas de transparencia recién descritas.

Las consecuencias para quien no se adapte no son simbólicas: las sanciones previstas por el reglamento pueden alcanzar los 15 millones de euros o el 3% de la facturación mundial anual de la empresa, lo que resulte mayor. Un elemento disuasorio pensado para pesar tanto sobre pequeñas startups como sobre los grandes gigantes tecnológicos globales.

Para quienes utilizan a diario herramientas de inteligencia artificial generativa —desde chatbots hasta generadores de imágenes, pasando por los filtros que "animan" fotos o crean voces sintéticas— el cambio más tangible debería ser precisamente este: contenidos creados por IA cada vez más acompañados de una etiqueta, una marca de agua o un aviso que declare su naturaleza artificial. Si el estándar se cumplirá de forma uniforme en toda Europa, o si por ahora seguirá siendo una obligación aplicada de forma desigual entre plataformas grandes y pequeñas, es la pregunta que los próximos meses deberán responder.