En una nave industrial de Massachusetts, los ingenieros de Commonwealth Fusion Systems llevan meses perfeccionando imanes superconductores diseñados para confinar plasma a temperaturas más altas que las del núcleo del Sol. Es uno de los muchos frentes, repartidos entre Estados Unidos y Europa, que forman hoy lo que los observadores del sector ya llaman una carrera: la carrera privada por la fusión nuclear comercial.
Las cifras, actualizadas a mediados de 2026, dicen que diecisiete empresas han superado, cada una por separado, los 100 millones de dólares captados de inversores privados, con un total que ya sobrepasa los 13.000 millones de dólares en el sector, según datos recogidos por TheNextWeb y otros análisis independientes del ámbito. Es una cifra impensable hace apenas unos años, cuando la fusión se consideraba más un ejercicio académico que un terreno para el capital de riesgo.
Commonwealth Fusion Systems sigue siendo la empresa mejor financiada del sector, con unos 3.940 millones de dólares captados en total, incluido un round de mil millones cerrado en julio de 2026. La compañía desarrolla SPARC, un reactor de tipo tokamak que usa imanes superconductores de alta temperatura para confinar plasma extremadamente caliente, y aspira a alcanzar el breakeven científico, el momento en que la energía producida por la reacción supera a la que se invierte para provocarla, en 2027.
Helion Energy, respaldada por Sam Altman y SoftBank, ha captado 3.200 millones de dólares en total, con una ronda de 465 millones cerrada en junio de 2026, y tiene previsto suministrar electricidad a Microsoft antes de 2028 usando un diseño de configuración de campo invertido, distinto del enfoque de tokamak que sigue Commonwealth Fusion.
Detrás de estos dos nombres más conocidos se mueve un ecosistema más amplio, impulsado por los avances en imanes superconductores de alta temperatura, las simulaciones basadas en inteligencia artificial y el precedente histórico del breakeven científico alcanzado en 2022 en el National Ignition Facility estadounidense, un hito que convenció a muchos inversores de que la fusión ya no era solo un espejismo a cincuenta años vista.
Queda, por supuesto, la pregunta de fondo que acompaña a este sector desde hace décadas: cuánto de este entusiasmo se traducirá en energía realmente inyectada a la red, y cuánto chocará con las dificultades técnicas que ya han frenado promesas parecidas en el pasado. El objetivo de 2027 para Commonwealth Fusion y el de 2028 para Helion ofrecerán, en los próximos meses, las primeras pruebas concretas para saber si los trece mil millones de dólares invertidos están comprando de verdad energía limpia, o una vez más, tiempo.
Nota de verificación: la investigación no encontró ningún vínculo directo, real y documentado entre estas startups de fusión nuclear y las Islas Canarias. El artículo se publica como un tema de innovación tecnológica y científica global, sin forzar conexiones locales que los hechos no respaldan.

