En un archipiélago donde no existen ríos y la lluvia es más una cita en el calendario que una certeza estacional, casi cada gota de agua dulce llega a través de un proceso industrial. Es en ese contexto, nada trivial, donde encaja una noticia que ha pasado casi desapercibida fuera de los círculos técnicos: una planta piloto canaria ostenta hoy el récord mundial de menor consumo energético en la desalación de agua de mar por ósmosis inversa.
Se llama DESALRO 2.0 y la gestiona el Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), empresa pública con más de veinticinco años de actividad que trabaja en agua, energías renovables, biotecnología y computación aplicadas al desarrollo sostenible del archipiélago. En 2025, Guinness World Records certificó su rendimiento: 1,794 kilovatios hora por metro cúbico de agua producida, el valor más bajo registrado hasta ahora en el mundo para una instalación de desalación marina por ósmosis inversa. Cifras técnicas, sí, pero que se traducen en algo muy concreto: menos energía significa menos coste y menos emisiones por cada litro de agua potable que llega a los grifos de las islas.
El ITC presentó los avances más recientes de este trabajo durante ISSD-WM 26, una cita internacional dedicada a la gestión sostenible del agua, donde los investigadores canarios expusieron no solo los progresos en eficiencia energética sino también la optimización del ciclo hídrico completo y la resiliencia de las instalaciones frente al cambio climático, temas que en Canarias no son abstracciones de congreso.
Basta mirar a Fuerteventura para entender por qué. La isla convive desde hace años con lo que colectivos ciudadanos y organizaciones ambientales definen como una emergencia hídrica estructural, agravada por la presión de un modelo turístico que consume agua para piscinas, campos de golf e instalaciones hoteleras en un territorio semiárido. No es casualidad que entre las reivindicaciones de la plataforma Canarias Tiene un Límite figure, desde hace años, la petición de un consorcio público que garantice el agua a través de energías renovables en lugar de dejar la cuestión solo en manos del mercado.
Un récord como el del ITC no resuelve por sí solo esta tensión entre turismo, residentes y recursos naturales, pero la tecnología de desalación de bajo consumo es una de las herramientas concretas con las que cuentan las islas para reducir la dependencia de fuentes fósiles en el tratamiento del agua, un sector que en Canarias absorbe históricamente una parte relevante de la factura energética regional.
Hay además un matiz menos citado pero no menor: resultados como este refuerzan el posicionamiento científico de Canarias mucho más allá del turismo y de la astrofísica, terreno en el que el archipiélago ya es conocido gracias al Instituto de Astrofísica de Canarias. Que un pequeño instituto público entre en el libro de los récords mundiales por una tecnología ligada a la supervivencia cotidiana de las islas dice, mejor que muchos comunicados institucionales, qué significa realmente innovar en un territorio insular.

