Nueve segundos con treinta y nueve centésimas. Es el tiempo con el que un robot humanoide completó los 100 metros lisos en la segunda edición de los Humanoid Games, la competición deportiva entre máquinas celebrada en Pekín a mediados de agosto de 2026, un crono que sobre el papel superaría el récord mundial humano de Usain Bolt. Justo después de cruzar la meta, el robot se estrelló contra una pared acolchada, recordando a todos que entre el espectáculo y la fiabilidad real todavía hay bastante distancia. Entre caídas, chispas e imprevistos, la competición sirvió igualmente para escenificar la ambición china de convertirse en la superpotencia mundial de la robótica humanoide, con la participación de cientos de empresas que enseñan a sus robots de todo, desde boxeo hasta trabajar en una cafetería.
Detrás del espectáculo hay cifras que hablan por sí solas. Según el análisis de mercado de Smart Analytics Global, recogido por varios medios especializados, los fabricantes chinos entregaron más de 18.500 robots humanoides en el primer semestre de 2026, más del 97% de las cerca de 19.100 unidades enviadas en todo el mundo en ese mismo periodo, con un crecimiento del 272% respecto a los 5.100 ejemplares del año anterior. A la cabeza está AgiBot, con sede en Shanghái, que por sí sola representa unas 8.400 unidades y el 44% del mercado global, seguida de Unitree Robotics, de Hangzhou, con unas 5.900 unidades y el 31%: entre las dos suman tres cuartas partes de los envíos mundiales.
Los competidores occidentales siguen siendo, de momento, un nicho. Figure AI está probando sus robots de forma experimental en la planta de BMW en Spartanburg, Carolina del Sur, mientras que el Digit de Agility Robotics se ensaya en centros logísticos de Amazon. Tesla, con su programa Optimus, se beneficia de una demanda interna enorme pero todavía no ha alcanzado volúmenes de entrega comparables a los chinos.
Tres factores explican la ventaja china, según el análisis: una cadena industrial de componentes, desde motores eléctricos hasta baterías y actuadores de precisión, concentrada muy cerca de las fábricas que ensamblan los robots; una demanda interna impulsada por la escasez de mano de obra en un país donde más de 300 millones de personas superan los 60 años; y un respaldo estatal explícito hecho de subvenciones, fondos de investigación y ventajas fiscales, replicado también a escala provincial y municipal. No es casualidad que tanto AgiBot como Unitree estén preparando, según se informa, una salida a bolsa para acceder a capital fresco.
Hay, eso sí, una advertencia que acompaña cada cifra de este sector: la mayoría de los robots entregados terminan en programas piloto, demostraciones y laboratorios de investigación, no en despliegues autónomos reales. Estados Unidos, por su parte, ha respondido más en el plano político que en el industrial: la administración Trump ha prohibido la importación de robots humanoides y cuadrúpedos de nueva fabricación procedentes del extranjero, citando motivos de seguridad nacional, mientras que otras estimaciones sitúan la cuota china en torno al 82% en lugar del 97%, una diferencia que refleja metodologías de cálculo distintas más que un desacuerdo real sobre los hechos de fondo: se mida como se mida, China domina este mercado emergente.

