El 16 y 17 de septiembre, el recinto ferial de Infecar, en Las Palmas de Gran Canaria, se llenará de personas que se dedican, literalmente, a vivir de los cruceros o a diseñarlos. Es la edición 2026 de Seatrade Cruise Med, una de las citas de referencia mundial del sector, que traerá a la isla a más de 90 ponentes y 25 sesiones bajo el lema "Raising Expectations". La apertura correrá a cargo de Charles "Bud" Darr, presidente y CEO de la Cruise Lines International Association (CLIA), mientras que el 17 de septiembre la jornada arrancará con un panel que reunirá a los CEO de dos de las cadenas hoteleras más reconocidas del mundo, ambas recién llegadas al negocio de los cruceros.
Los temas del programa, según lo difundido por la organización, van desde la descarbonización del sector hasta la logística en tierra, pasando por las nuevas rutas en el Atlántico medio y el Mediterráneo y la evolución de la oferta de lujo. Entre los participantes confirmados figuran representantes de CLIA, MSC y MedCruise, la asociación que agrupa a los puertos de cruceros del Mediterráneo.
La paradoja, para Las Palmas, es que esta cumbre mundial llega en un verano con relativamente pocos cruceros de verdad: apenas ocho escalas entre junio y septiembre, según datos recogidos por la prensa local, con solo dos previstas en agosto (los días 15 y 31, con los buques MSC Virtuosa y Allura) y otras dos en septiembre (los días 12 y 20, con el SH Diana y el Ventura). Un calendario reducido frente a otras temporadas que, sin embargo, convive con un sector que a escala mundial sigue creciendo y que discute abiertamente cómo hacerlo de forma más sostenible.
No es un detalle menor en un archipiélago donde el debate sobre la masificación turística está lejos de ser abstracto. En los últimos meses, miles de residentes se han manifestado en distintas islas para pedir medidas que limiten la presión de los visitantes sobre la vivienda, los servicios y las infraestructuras, en un contexto en el que el turismo sigue representando en torno a un tercio del PIB regional y una parte importante del empleo en hostelería, transporte y restauración.
Traer a Las Palmas, en ese escenario, una cumbre que habla abiertamente de desestacionalización, autenticidad del destino y expansión del segmento de lujo no es solo un escaparate para la industria del crucero: es también la oportunidad, para gestores y empresas locales, de hacerse oír en un debate que les afecta de forma directa. Los cruceros siguen siendo un segmento específico, a menudo distinto en la percepción pública del turismo "de tierra", pero comparten con él la misma pregunta de fondo, cuánto puede seguir creciendo un modelo que genera riqueza y, a la vez, desgasta los mismos recursos que usan a diario los residentes.

