¿Cuántos robots hacen falta para construir una base en la Luna? Según la actualización difundida a principios de agosto por la NASA sobre el estado de su proyecto Moon Base, el futuro asentamiento previsto en la región del Polo Sur lunar, la respuesta ronda los veinte, y todos ellos llegarán antes de que ningún astronauta vuelva a pisar la superficie.
La Fase I del proyecto, que se extiende hasta 2029, contempla precisamente más de veinte alunizajes robóticos, cada uno diseñado para hacer avanzar progresivamente las capacidades del sistema y validar los componentes operativos que necesitarán las misiones siguientes. Antes de que lleguen los astronautas, estos robots deberán desplegar instrumentos científicos para caracterizar el entorno lunar, probar nuevas tecnologías y comenzar a ensamblar la infraestructura necesaria para la futura presencia humana.
Quien construye estos módulos no es solo la NASA por su cuenta, sino un grupo de cuatro socios comerciales que trabajan en paralelo para entregar sus propios vehículos antes de 2028. Blue Origin avanza con las pruebas de su módulo Blue Moon MK1, apodado Endurance, que ya ha completado una campaña de ensayos ambientales que incluyó una prueba térmica en una cámara de vacío del Johnson Space Center, en Houston. Firefly Aerospace prepara, por su parte, la Blue Ghost Mission 2, una configuración de doble vehículo de más de seis metros de altura, casi el triple que la primera misión de 2025, que aspira a convertirse en el primer alunizaje estadounidense en la cara oculta de la Luna, una región silenciosa desde el punto de vista de radio, ideal para estudiar la geología lunar y las llamadas "Edades Oscuras" cósmicas.
Intuitive Machines trabaja en su tercer módulo Nova-C, bautizado Trinity, que llevará también Altus-1, el primer satélite de retransmisión de datos de la compañía, con el objetivo de explorar Reiner Gamma, una anomalía magnética en la superficie lunar nunca estudiada de cerca de esta forma. Voyager Technologies, por último, está probando su módulo Griffin-1 en los laboratorios del Jet Propulsion Laboratory, en California: concebido como un lander de clase infraestructural, con lanzamiento previsto para finales de 2026, transportará lo que se describe como la mayor carga comercial jamás enviada a la superficie lunar, incluido un rover destinado a probar capacidades de movilidad de larga duración.
Completa el cuadro Northrop Grumman, que desarrolla cargas útiles de demostración pensadas para probar sistemas capaces de sobrevivir a la noche lunar, un periodo de oscuridad prolongada de varios días durante el cual las temperaturas caen drásticamente, además de infraestructuras de alimentación compartida diseñadas para sostener otros instrumentos presentes en la superficie.
Ninguno de estos anuncios tiene relación directa con Canarias, y la búsqueda realizada para este artículo no encontró ningún vínculo local concreto. Queda, sin embargo, un proyecto que, apartado de los titulares más ruidosos sobre inteligencia artificial, cuenta una historia distinta sobre cómo está cambiando la exploración espacial: ya no una empresa de un único organismo gubernamental, sino un mosaico de compañías privadas que se disputan, alunizaje a alunizaje, el derecho a decir que ayudaron a construir la próxima base humana fuera de la Tierra.

