Veinte metros bajo el nivel del mar, dentro de una tubería de 1.300 metros, el agua del Atlántico ha empezado a moverse hacia el interior de Gran Canaria. El Consejo Insular de Aguas (CIA) ha confirmado que la captación marina del proyecto Salto de Chira está terminada y que, con ella, han arrancado las pruebas de funcionamiento de la desaladora que en los próximos meses deberá alimentar el embalse de Soria.
El proyecto une dos antiguos cráteres del interior de la isla, Chira y Soria, y persigue dos objetivos a la vez: almacenar energía renovable y producir agua desalada. El principio es el de la hidráulica reversible, ya utilizado en otros puntos de Europa, pero aplicado aquí a una isla sin ríos permanentes y dependiente casi por completo de pozos, desaladoras y de estos dos embalses artificiales.
Las obras de conexión no son menores que la parte marina. Diecisiete kilómetros de tubería discurren por el lecho del barranco de Arguineguín, mientras que la mayor parte de los cuatro kilómetros de túneles, principales y secundarios, necesarios para el bombeo ya están ejecutados. Según el propio Consejo Insular de Aguas, el bombeo de agua desde la desaladora hasta el embalse de Soria arrancará en los próximos meses, en todo caso antes de que finalice el año.
Quien conoce el interior de Gran Canaria sabe que Chira y Soria no son dos embalses cualquiera: son de los pocos grandes espejos de agua de la isla, encajados en un paisaje de barrancos y bancales que lleva décadas conviviendo con la escasez hídrica. Incorporarlos a la lógica del almacenamiento energético supone intentar resolver a la vez dos problemas que en las islas siempre han viajado juntos, de dónde sacar agua y cómo depender menos de los combustibles fósiles.
El sistema funciona así. En las horas de mayor generación renovable, cuando sopla el viento o el sol está alto, el agua se bombea desde el embalse inferior hasta el superior. Cuando sube la demanda eléctrica y baja la producción renovable, el agua desciende de nuevo, accionando turbinas que devuelven energía a la red. Es el mismo principio que permite a muchas redes eléctricas europeas absorber cuotas crecientes de eólica y fotovoltaica sin romper el equilibrio entre oferta y demanda, adaptado aquí a las particularidades de un sistema eléctrico aislado como el de Gran Canaria.
No es la primera vez que se habla de esta infraestructura en los últimos años, y probablemente no será la última. Pero la finalización de la captación marina marca un hito concreto y verificable en un proyecto que durante mucho tiempo quedó en fase de obra sin fechas claras. Ahora existe una ventana temporal definida por el propio Consejo Insular de Aguas para el inicio del bombeo hacia Soria, y es esa ventana la que diferencia esta noticia de un simple anuncio institucional.
Queda por ver cómo se comportará el sistema completo una vez esté operativo, y cuál será el impacto real en la factura eléctrica y en la disponibilidad de agua para la agricultura del sur de la isla, aspectos sobre los que todavía no existen datos verificables. Pero la obra, esta vez, ha dejado de ser solo un proyecto sobre el papel y ha empezado a beber agua de mar.

