Juan Simón Jaime no ha inventado nada nuevo, y lo dice él mismo sin ningún problema. Ha tomado tecnologías que ya funcionaban en otros sectores, el vuelo autónomo, la inspección industrial, la captación multiespectral, y las ha llevado a un terreno que en estas latitudes plantea problemas muy concretos: parcelas pequeñas, pendientes pronunciadas, zonas de la isla a las que un tractor ni siquiera llega. El resultado es AgroDron Canarias, hoy uno de los casos de éxito más citados por la Red CIDE del Gobierno de Canarias.
La empresa trabaja en dos líneas diferenciadas. Por un lado, drones de cartografía y diagnóstico, equipados con sensores capaces de detectar estrés hídrico o el inicio de una enfermedad foliar mucho antes de que resulte visible a simple vista. Por otro, drones de tratamiento, que aplican productos fitosanitarios directamente sobre las hojas con una precisión que reduce el desperdicio y el impacto ambiental frente a los métodos convencionales. Para operar legalmente con aeronaves de gran capacidad, la empresa tuvo que obtener autorizaciones aeronáuticas europeas, un proceso largo que hoy la sitúa como operador pionero en La Palma en pulverización y siembra aérea agrícola.
El paso de la tecnología al modelo de negocio, sin embargo, no fue sencillo. Y aquí entra un actor menos visible pero decisivo: la Red CIDE, iniciativa de la Consejería de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura del Gobierno de Canarias, impulsada a través de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información (ACIISI) y cofinanciada al 85% por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional dentro del Programa FEDER Canarias 2021-2027. A través del clúster Canarias Excelencia Tecnológica en La Palma, el acompañamiento técnico ayudó a la empresa a estructurar líneas de actividad diferenciadas y a construir lo que Jaime llama "una estrategia clara de negocio e innovación".
"Innovar no requiere reinventar la rueda ni crear algo completamente nuevo desde cero", explica el fundador. "Gran parte del valor está en adaptar tecnologías que ya funcionan en sectores muy exigentes para resolver problemas reales del territorio de una manera más eficiente". Es una frase que suena casi contraintuitiva en un momento en que la innovación agrícola suele contarse como revolución total y no como adaptación paciente.
El próximo paso, según la empresa, es automatizar parte del procesamiento de los datos recogidos durante los vuelos y mejorar la detección temprana de anomalías en los cultivos mediante análisis de datos e inteligencia artificial, un salto que podría reducir aún más los tiempos de reacción de los agricultores. A medio plazo, AgroDron Canarias plantea extender su modelo de servicios al conjunto del archipiélago y explorar nuevos mercados en la Península y a escala internacional.
Queda por ver con qué rapidez otras islas podrán replicar un modelo que, en La Palma, tardó años de certificaciones, permisos y seguros antes de despegar de verdad. Pero el caso muestra algo más amplio sobre cómo Canarias está encarando la modernización del sector primario: no grandes anuncios desde arriba, sino pequeñas empresas que trasladan tecnología ya existente a un territorio que la necesitaba desde hace tiempo.

