¿Qué pasa cuando un incendio empieza a las tres de la madrugada, en una ladera sin cobertura móvil, mientras el equipo más cercano está a una hora de distancia? Esa es la pregunta de la que partió, hace algunos años, una pequeña empresa con sede en el Parque Científico Tecnológico de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria: Artificial Intelligence and Robotics, para todos simplemente AIR.
El 17 de septiembre, justo cuando se escribe esto, el Gobierno de Canarias acaba de finalizar la alerta por riesgo de incendios forestales en El Hierro, La Palma, Tenerife, La Gomera y Gran Canaria, aunque mantiene la prealerta vigente. Es el cierre natural de una campaña contra incendios 2026 que arrancó el 1 de junio con más de 2.600 efectivos, 202 camiones forestales y 19 medios aéreos, entre ellos 23 drones equipados con cámaras térmicas para localizar focos incluso de noche. En este escenario, entender qué puede hacer realmente un dron en materia de prevención no es un ejercicio teórico.
Ahí encaja el trabajo de AIR. Su tecnología insignia, SAGIF (Sistema Aéreo de Geolocalización de Incendios Forestales), es un proyecto de I+D financiado por el Gobierno de Canarias a través de la convocatoria PEPSTARS Proyecto Canarias Stars 2022, pensada para impulsar el emprendimiento innovador en las islas. El sistema integra cámaras termográficas avanzadas, visión por computador, inteligencia artificial y técnicas GIS, y está diseñado para montarse tanto en drones multirotor como de ala fija. Lo que lo distingue no es solo la detección del fuego, sino la geolocalización en tiempo real transmitida directamente a los centros de operaciones de emergencia, un detalle que en la práctica se traduce en minutos ganados a la hora de decidir dónde enviar un equipo o si activar una evacuación.
SAGIF se compone de tres partes: un módulo aéreo para la detección y geolocalización a bordo, una estación terrestre que recibe y transmite los datos hacia la nube, y una aplicación web que convierte todo eso en información accesible y utilizable por quienes deben tomar decisiones. Un elemento menos contado, pero igual de útil, es la capacidad del sistema para generar análisis retrospectivos: no solo ayudar a apagar el incendio de hoy, sino aportar datos para construir la estrategia de prevención del año siguiente.
AIR no nació sola. Desde sus primeros pasos ha contado con el apoyo de la Red CIDE, la red canaria de centros de innovación y desarrollo empresarial impulsada por la ACIISI, la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información, bajo la Consejería de Economía. Es el tipo de infraestructura pública de apoyo que rara vez aparece en los titulares, pero que en la práctica ha hecho posible el paso de esta empresa de la idea de investigación académica al producto funcional que es hoy.
No todo está ya desplegado a escala regional: la campaña oficial 2026, con sus 23 drones gubernamentales, es un dispositivo aparte y más amplio, gestionado directamente por el GES y el EIRIF, los cuerpos de emergencia canarios. Pero la historia de AIR y SAGIF cuenta algo más amplio que un solo producto: demuestra que el ecosistema de innovación que se está construyendo en Canarias, entre universidad, fondos públicos regionales y pequeñas empresas tecnológicas, es capaz de producir soluciones pensadas exactamente para los problemas específicos del archipiélago, y no simplemente importadas de fuera.

