¿De qué sirve producir más energía limpia si no hay dónde guardarla? Es la pregunta que se está haciendo, en el fondo, el Gobierno de Canarias, después de unos años en los que la transición energética del archipiélago ha avanzado más rápido de lo que muchos esperaban.
El consejero de Transición Ecológica y Energía, Mariano H. Zapata, presentó esta semana en el Parlamento canario el balance de la política energética regional. Desde 2023, Canarias ha incorporado 232 megavatios de potencia renovable, pasando de 972 a 1.204 MW instalados, un crecimiento cercano al 24%. La presencia de renovables en la generación eléctrica ha subido del 19,2% a en torno al 23% en el mismo periodo.
El salto más llamativo, sin embargo, está en el autoconsumo. La potencia instalada ha pasado de 136 a más de 302 megavatios, y el número de instalaciones domésticas, empresariales e institucionales ha crecido de unas 14.700 a más de 24.800. Miles de tejados canarios se han llenado de placas solares en apenas tres años.
"En apenas tres años hemos incorporado 232 MW renovables y hemos más que duplicado la potencia de autoconsumo. Cada vez hay más familias y empresas produciendo su propia energía y Canarias depende un poco menos de los combustibles fósiles", resumió Zapata. Son cifras que reflejan un avance real. Pero el propio consejero admitió que el dato que importa ahora no es cuántos megavatios hay instalados, sino cuántos se aprovechan de verdad.
El obstáculo es técnico antes que político. Las redes eléctricas insulares son pequeñas y aisladas entre sí: no hay una gran red peninsular a la que verter los excedentes cuando el sol aprieta y el consumo es bajo, ni de la que importar cuando hace falta más. Sin baterías u otros sistemas de almacenamiento, la energía que se produce de más en ciertas horas del día simplemente se pierde. "No se trata únicamente de instalar más placas solares o aerogeneradores. Tenemos que ser capaces de almacenar la energía cuando se produce y utilizarla cuando la necesitamos", explicó Zapata.
Por eso el Ejecutivo apuesta por varios proyectos de calado: la central hidroeléctrica de bombeo de Salto de Chira, en Gran Canaria; una instalación similar prevista en Güímar, Tenerife; la ampliación del almacenamiento mediante baterías; y la interconexión eléctrica entre Tenerife y La Gomera, pensada para mover energía entre islas cercanas en lugar de desperdiciarla. Canarias ha reclamado además al Estado un marco normativo más adecuado para desarrollar el almacenamiento en sistemas eléctricos insulares, que funcionan con reglas distintas a las de la península.
En paralelo, la Consejería trabaja en la adaptación al calor. Avanza la Red Canaria de Refugios Climáticos, desarrollada junto a la Federación Canaria de Municipios (FECAM), que busca identificar y acondicionar espacios públicos capaces de ofrecer protección en episodios de altas temperaturas: sombra, vegetación, puntos de agua. Ya hay actuaciones concretas en Los Realejos y San Bartolomé de Tirajana, además de en el Puerto de Tazacorte y Santa Cruz de La Palma, con una guía remitida a los 88 municipios y los siete cabildos del archipiélago.
Quedan preguntas por resolver, empezando por los plazos: proyectos como Salto de Chira son obras de varios años, mientras el fotovoltaico crece a un ritmo mucho más rápido. Mientras tanto, cada tarde de sol pleno sigue siendo, en parte, una oportunidad que se escapa.

